Los Moros han cumplido su tarea, pero ahora deben asumir el costo

La bestia que se generó por la “oposición” actual, o sea el régimen de Pashinián, puso en marcha la maquinaria de detenciones, reclusiones y confiscaciones inmediatamente después de las “elecciones” respaldadas por los futuros presos, sirviendo así de ejemplo a todos los demás aspirantes a colaboracionistas y ironicamente anticipando su propio futuro.

República Armenia
República Armenia
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Una de las palabras más utilizadas que existen en la lengua «armeniareal» es “mandato”. Se trata del efectivo que conoce sólo el colaboracionista turco y que, supuestamente, él recibe “del pueblo” con un tipo de cambio que sólo él conoce, por unas hazañas que, a su parecer, sólo él conoce. No merece la pena subrayar que ninguna encuesta le atribuya siquiera un tercio del apoyo social, ni que en 2021 “ganara” las “elecciones” sin alternativa prometiendo mentirosamente proteger Artsaj en lugar de entregarlo definitivamente. Tampoco importa que ni para Artsaj ni para las provincias Syunik, Tavush, Ararat y Gegharkunik, que se hicieron fronterizos, encontrara ningún “certificado catastral”. Lo principal es el mandato ilusorio para entregarlos.

Sin embargo, en cuanto alguien empieza a disponer de la estatalidad, de la identidad y de ese mismo “mandato” como si fueran un activo que se pueda monetizar, poniéndolos a las licitiaciones abiertas, pierde inevitablemente el control sobre el precio. Así el colaboracionista turco descubre de repente que, tras el reparto del “mandato”, que se pagó con sangre, sudor y lágrimas armenias derramadas durante milenios, sus patrocinadores foráneos pueden no dejarle ni una sola garantía más básica. No se trata de vida y muerte libres, ni siquiera se trata de gobernar eternamente la administración colonial.

El Moro, en efecto, cumplió su tarea, y no ocultó a nadie sus intenciones. Puso el punto final en la renuncia a Artsaj y a un Spyurk fuerte, repudió la Iglesia armenia, los símbolos nacionales y la memoria del Genocidio armenio, convirtió Armenia en una puerta giratoria abierta a cualquiera y formalizó la renuncia a la subjetividad política armenia. A partir de ese momento, el rey fue incapaz de obtener siquiera la mitad de los votos en las elecciones farsantes deja de interesar a los centros externos de poder. La política se define como el arte de lo posible, y todo es posible en lo que se refiere a la Tercera República que se diagnostica con la inmunodeficiencia. Lo único que queda es el desarmamiento definitivo del Mundo armenio global. Es un reto de tal magnitud a que Pashinián, el oportunista de rango bajo, no puede hacer frente.

Es más, a partir de ese momento a los patrocinadores antiguos y actuales del sátrapa les resulta difícil confiar en quien decidió que “la independencia es la dependencia de muchos”. En el marco del sistema feudal-clánico no puede existir, por definición, un centro único. Para que el sistema no se convierta de repente en la Nación, hay que impedir que ese centro surja. Es evidente que el Mundo armenio representa el único centro posible de ese tipo. El Mundo armenio supone un peligro común para los agentes del sistema en esta guerra de todos contra todos sobre las ruinas de la Tercera República. Por eso, intentando neutralizarlo, los patrocinadores foráneos de la cúpula antiarmenia de Ereván piensan cada vez más en el futuro posarmenio del pedazo de tierra que queda de Armenia. Cada patrocinador ya ha decidido por quién apuesta. Pashinián no figura en esa lista, como tampoco hay nadie insustituible entre sus jenízaros jóvenes, más prometedores y capaces- Se trata, entre todo, de Rubén Rubinián, Alen Simonián, Arman Yeghoián y otros adeptos que representan centros foráneos de poder cada vez más variados.

Como vemos, ya no garantiza nada no sólo ser cómplice de los crímenes perpetrados por régimen antiarmenio, sino ni siquiera la lealtad incondicional al sátrapa turco. Apurándose a complacer a sus amparadores, Pashinián no pestañeó al destituir a su fiel lacayo, el antiguo secretario del Consejo de Seguridad Armen Grigorián. A Grigorián no lo salvó ni el panegírico que ya había escrito sobre el nuevo abuelito Lenin-Pashinián, ni el apretón de manos del colaboracionista dirigente y sus jóvenes jenízaros que tuvo lugar durante la posterior presentación de tal ficción pulp. Armen Grigorián, un acolito fiel a las enseñanzas de su líder, lo dio todo, incluido su honor, a cambio de nada.

Pero que tampoco los seudo-“rivales” de la pandilla, representada por la “antigua” y la “nueva” “oposición” farsante, deben cautivarse por esta lucha sin fin. También tales moros cumplieron su tarea antes de dirigirse hacia el basurero de la historia, tras haber legitimado de nuevo así llamadas «elecciones» ganadas por el colaboracionista turco, así como la purga definitiva de la escasa competencia política que quedaba y la aniquilación de la subjetividad política de la Tercera República. La sucursal de Kaluga formada por los colaboracionistas de “Armenia Fuerte” encabezada por Samvel Karapetián (aunque, si tuvieran las agallas, no se sentarían en el “parlamento” colonial), también se afanó en contribuir a la discordia entre las comunidades armenias y Armenia, convirtiendo a determinados segmentos del Mundo armenio, es que parte de los armenios rusos, algunos refugiados desde Artsaj, en cómplices y víctimas a la vez de sus juegicitos.

Si los autoproclamados representantes de Kaluga, Moscú o Washington esperan que su destino sea diferente al que sus futuros compañeros de celda y voluntarios representantes de Angora y Tel Aviv tendrán, se equivocan completamente. Los patrocinadores nunca tienen que romper a sudar para deshacerse de sus sirvientes, y menos aún de los traidores a su propia etnia. Por eso resulta especialmente muy divertido ver cómo intentan desempeñar el papel de la “oposición parlamentaria constructiva” quienes acaban de participar en ese circo político. Mientras el colaboracionista “Contrato Civil” deposita su confianza en sus patrones (o sea ”garantes”) israelíes, el partido “Armenia Fuerte” desde Kaluga simplemente no se deja ninguna posibilidad de no ser devorado en esta cadena alimentaria, “poniéndose de acuerdo” con la administración israelí-azerbaiyani.

Es lógico que hoy la “oposición constructiva” recoja los frutos de su actitud colaboracionista. En el sistema feudal-clánico no puede haber, por definición, acuerdos ni compromisos fiables. Los arquitectos, los participantes de siempre y los partidarios de este sistema no podían ignorarlo cuando aceptaron presentarse a las “elecciones” perdidas de antemano. Al cambiar los restos de su reputación por la esperanza ilusoria de conservar lo saqueado en años anteriores, no solo legitimaron al sátrapa turco, sino que garantizaron su omnipotencia, cortando de raiz las fuerzas opositoras adequadas. La bestia que se generó por la “oposición” actual, o sea el régimen de Pashinián, puso en marcha la maquinaria de detenciones, reclusiones y confiscaciones inmediatamente después de las “elecciones” respaldadas por los futuros presos, sirviendo así de ejemplo a todos los demás aspirantes a colaboracionistas y ironicamente anticipando su propio futuro.

Tal es la fortuna de quienes eligen la servidumbre eterna. No tienen garantizado ni una sola legislatura parlamentaria o ni un término del Gobierno, pues su destino se decide en conversaciones y elecciones entre sus amparadores. Las elecciones presidenciales de Estados Unidos se celebrarán ya en 2028 y, gracias a que los norteamericanos, a diferencia de la Tercera República, tuvieron verdaderos Padres dundadores, se formaron aristocracia nacional e instituciones políticas, la absurda y peligrosa operación militar contra Irán está condenada al fracaso. Los colaboracionistas de Ereván no solo no llegarán a recibir su porcentaja por haber jugado un doble juego, pagarán muy caro haber allanado el camino para la coalición antiiraní hacia las fronteras noroccidentales de Irán, en Artsaj y Syunik, por haber entregado voluntariamente a fuerzas proisraelíes los recursos más valiosos del siglo XXI, es que la información, el acceso a las telecomunicaciones, las rutas de transporte, los recursos energéticos, y por la congelación actual precipitada de las relaciones bilaterales con Irán.

El sistema feudal-clánico se distanció deliberadamente de su único aliado natural, que es el Mundo armenio, conscientemente se negó a proteger la seguridad de Artsaj, entregó de hecho el control sobre Syunik al uso foráneo, renegó de los símbolos y valores nacionales, que resultó en la falta de cualquier barrera protectora, física y espiritual, que podría defender la Armenia geográfica. Esto no puede continuar. No puede tener inmunidad quien destruyó la inmunidad de sus ciudadanos. No puede haber “mandato” ni “garantías” para liderar algo que ya no existe. Si alguien cree que ya no tiene nada que perder y piensa, por ello, seguir jugando en este casino hasta el final vergonzoso y hasta el último milímetro de territorio armenio y de nuestra dignidad, se le enfrentan las sorpresas desagradables en el futuro muy próximo.