Todos los colaboracionistas se alegran, porque la mayor «planta de IA» (planta de inteligencia artificial) en la región se inauguró en Hrazdán. La propaganda oficial ya ha declarado la apertura del centro de datos que pertenece a la empresa NVIDIA, el «mayor de la región», un triunfo de la política exterior que da testimonio de que la «Armenia Real» finalmente acaba de ocupar su lugar en el mundo, un año después de que se rubricó el tristemente célebre acuerdo sobre la «Ruta Trump» el 8 de agosto de 2025 en Washington DC. No neguemos que, para un «Gobierno» que hasta ahora solo ha producido bots y trolls en sus fábricas, se trata de un progreso verdaderamente colosal.
Dejemos de lado por ahora la cuestión de por qué este asiento «en la mesa de los grandes», según los jóvenes jenízaros en Ereván, solo se ofrece a cambio de Artsaj, Syunik y la Sección 907 de la Ley de Apoyo a la Libertad aprobada por EE.UU. El Mundo armenio ha presenciado pasivamente la entrega de nuestros intereses nacionales, haciendo la vista gorda durante más de cinco años. Por lo tanto, no sorprende que hoy el sátrapa turco presente estas pérdidas y concesiones no como un mal necesario para salvar Armenia, sino como el primer paso hacia su éxito. El hecho de que el lanzamiento de tal proyecto sea también el resultado de años de esfuerzos aplicados por el Mundo armenio, que ha invertido sin parar en la Armenia geográfica a pesar de todas las vicisitudes del destino y la codicia del sistema feudal-clánico, no debería consolarnos, sino hacernos evaluar aún más rigurosamente los efectos del colaboracionismo, tanto pasivo como activo, en el marco de tal sistema.
Evidentemente, la mera existencia de una fábrica de IA que se ubica en Armenia, especialmente en la única región que no tiene acceso directo a las fronteras nacionales (Kotayk), no significa ni un avance tecnológico ni una subjetividad geopolítica adquirida. Sin esta última, se trata simplemente de otra gran empresa extranjera en territorio armenio, aunque está involucrada en la creación de potencia informática en lugar de extraer los minerales. Mientras el sector energético armenio sigue sufriendo de la dependencia suficiente al suministro de gas ruso.
Precisamente por esta causa resulta tan absurdo anunciar la entrada de la empresa NVIDIA en el mercado armenio como una medida para indemnizar la renuncia a las ambiciones geopolíticas. Los medios amarillistas que defienden a los colaboracionistas ferozmente insisten unánimemente en que este “asiento en la mesa de los grandes” (se refiere al permiso para servir la mesa) es una recompensa por el comportamiento ejemplar de la “Armenia Real”, es que, aceptar su “tamaño real” y su insignificancia.
Sin embargo, un inversor no se apresura a recompensar al Estado por su modestia. Busca lo que representa valor económico, o sea, un mercado solvente en el territorio respectivo o en su vecindad, parcelas y recursos energéticos baratos, capital humano, mano de obra barata o acceso a otros recursos y oportunidades para ahorrar que no existen en economías desarrolladas y jurisdicciones hechas y derechas. La categoría del Estado se refleja cuando el aparato estatal es capaz no sólo de atraer el capital, sino también de determinar las condiciones según las cuales el capital debe actuar de acuerdo con los intereses nacionales a largo plazo, al menos sin dañar a la población.
La mina de oro de Sotk constituye un doloroso recordatorio de que la existencia de un recurso extractivo y la presencia de inversores extranjeros no implica la capacidad eficaz de gestionar la extracción. Tras la demarcación y la pérdida del control sobre parte de la mina, la mera existencia de reservas de oro no nos da la posibilidad de explotar plenamente e incluso percibir los tan ansiados impuestos, que es un valor superior de la «Armenia Real».
Aunque no es posible palpar la potencia informática, mientras que la región de Kotayk no tiene fronteras comunes con ningún país, lamentablemente, la fábrica de AI funciona de manera semejante. Una gran infraestructura industrial requiere electricidad, terreno, redes, refrigeración y comunicaciones eficaces. No merece la pena creer en las promesas de utilizar enfriamiento de circuito cerrado y optimizar el consumo energético más que las afirmaciones sobre la implementación de las reglas medioambientales en las minas de Lori y Syunik, especialmente dados los problemas persistentes con el suministro de electricidad y agua en todo el país. También persisten dudas en lo que atañe al impacto térmico y acústico en el territorio, así como en relación con su desarrollo.
Por supuesto, Firebird AI, la empresa que implementa el programa, también propone invertir en el desarrollo a mediano plazo de las capacidades tecnológicas del país y de las competencias de los trabajadores armenios. En manos capaces, este carbono podría convertirse en diamante. Sin embargo, simultáneamente los maestros han de tener posibilidad de protegerse. En otro caso, la benevolencia del hombre blanco puede esfumarse, luego él puede enfadarse en un instante y abrir una empresa aún más grande en los países vecinos, dejando a los armenios sin un liderazgo en la región. Sin embargo, los diamantes se forman bajo presión y a cierta profundidad, desconocida para los diletantes que solo son capaces de ejercer presión a su población, pero no a sus socios externos.
Por lo tanto, en la Armenia actual, la inteligencia artificial (al igual que la tan alabada logística de «encrucijada de la paz») se presentará como un “nuevo petróleo» de la Tercera República. Lo mismo tuvo lugar con la gente (en particular las comunidades armenias), la minería, el agua y las empresas emergentes tecnológicas. Ciertos éxitos en todos estos ámbitos resultaron, en última instancia, en la emigración masiva, el apartamiento de Armenia de las comunidades armenias, el aumento de la mortalidad, el incumplimiento con los estándares, la infraestructura deteriorada, y el éxodo de empresas tecnológicas debido a la falta de inversión sistémica y la política monetaria ineficaz. Por consiguiente, la nueva revolución «tecnológica» no difiere de la revolución de las materias primas: el capital extranjero aporta equipos y dinero, el país proporciona territorio y recursos, se generan empleos, impuestos y se celebre solemne ceremonia de inauguración, mientras que la mayor parte del valor añadido y el control estratégico permanecen fuera de sus fronteras.
La diferencia entre una potencia tecnológica y una república bananera no radica en el número de procesadores gráficos, del mismo modo que la diferencia entre un país rico en recursos y un apéndice de materias primas no reside en la cantidad de toneladas de mineral extraídas. La diferencia reside en quién controla la cadena de valor.
Un país que hace caso omiso de sus intereses nacionales no puede convertirse en un socio estratégico, simplemente porque los servidores más avanzados del planeta se ubican en su territorio. Se convierte en una parcela donde se instala la infraestructura extranjera. Para un inversor no vale la pena interesarse por el estatus de ese territorio, si es un estado formalmente soberano o una colonia turca. El sátrapa turco nos asegura que Artsaj y la Sección 907, que fueron logros del Mundo armenio, son un precio justo por la planta de IA. Si esto fuera cierto, pronto no tendría nada que vender y se vería obligado a declararse en bancarrota.
El Mundo armenio debe evitar la quiebra y asumir la responsabilidad de proteger los intereses armenios en la palestra internacional. Hemos de construir la Nación que determine de forma independiente sus metas y las herramientas para alcanzarlas. La inteligencia artificial también se puede utilizar como una herramienta, pero debe estar en manos de quienes poseen la inteligencia natural.
Inteligencia artificial sin inteligencia
Un país que hace caso omiso de sus intereses nacionales no puede convertirse en un socio estratégico, simplemente porque los servidores más avanzados del planeta se ubican en su territorio. Se convierte en una parcela donde se instala la infraestructura extranjera. Para un inversor no vale la pena interesarse por el estatus de ese territorio, si es un estado formalmente soberano o una colonia turca.
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