Se han declarado los resultados finales de las elecciones farsantes que se celebraron el 7 de junio de 2026. Que cada uno responda por sí mismo si mereció la pena esperar el voto en el transcurso de los últimos meses y semanas, malgastar el tiempo viendo los debates histéricos, si al fin y al cabo tenemos una redistribución de escaños entre los cómplices de los crímenes perpetrados por el liderazgo actual y la muerte política de Robert Kocharián.
Entonces, ¿qué podía esperar tras esas elecciones un lector poco informado que no hizo una vista gorda de nuestras advertencias? ¿Samvel Karapetián debía derrocar al colaboracionista turco Nikol Pashinián, aunque hasta poco Karapetián colaboraba con el incumbente sin reservas? ¿Para qué? ¿Para que el así llamado oposicionista continuara convirtiendo Armenia en una puerta giratoria geopolítica, pero “a su manera”? ¿Tal vez la “oposición” tuviera que consolidarse contra la amenaza turca? Como vemos, tales objetivos no se logran mediante la armamentización de la “amenaza rusa”. ¿O acaso los votantes esperaban que las autoridades se negaran a abusar de los recursos administrativos o hicieran la vista gorda ante su uso por la “oposición”?
Cada vez frecuentemente sucede exactamente lo que hemos predicho. Nos gustaría equivocarnos. Sin embargo, otro circo llamado “elecciones” confirmó que entre sus participantes no hay diferencias sustanciales. Todos ellos forman parte de un mismo sistema feudal-clánico que sigue prosperando en condiciones de colonización de la Armenia geográfica. En una colonia gobernada por los sátrapas, por definición, no pueden surgir ni una nación, ni un interés nacional, ni una agenda sustancial. Por eso los “oponentes” debatieron sólo una dicotomía falsa, es decir, un vilayato turco o una provincia rusa. Forzaron a los votantes a elegir el “mal menor”, como si no hubiera sido el zar ruso quien nos entregó al sultán turco.
La “oposición” inequívocamente entiende que, al apelar a la supuesta esencia antirrusa del sátrapa turco, simplemente repite su propaganda sobre la “liberación” de la influencia rusa.
¿De verdad, mientras la gala estaba en auge, no era posible al menos preguntar al sátrapa turco de qué tipo de Estado se trata que supuestamente está por encima de la Patria? ¿Un Estado que implemente el hedonismo, arraigado en el consumo, y reproduce la clase media formada por la burguesía pequeña analfabeta? El hecho es que esa función ya se cumplía antes del gobierno actual, incluso por los “opositores” presentes. Entonces, no vale la pena culpar al votante por falta de patriotismo, si los líderes de las fuerzas “opositoras” no pueden contraargumentar al sátrapa turco y combatir su propaganda de baja calidad.
No es sorprendente que el modelo “galo” de Pashinián supere al modelo “ruso-bielorruso” de sus oponentes, si estos últimos están dispuestos a presentar al sátrapa turco como más francés que los propios franceses. Al parecer, a los autoproclamados “salvadores” les falta conocimiento de la historia mundial para exponer la inconsistencia de tales comparaciones. La influencia duradera francesa está garantizada por la elevación de su historia, patrimonio e idioma a lo absoluto, no por el rechazo de los valores nacionales. Los franceses a pesar de que son seculares, progresistas e inclusivos, jamás cambiarían las victorias y derrotas de Napoleón por combustible barato. En la “Armenia Real”, no obstante, los feudales han cambiado las hazañas de Karekin Nzhdeh, Monte Melkonián y Vazgen Sargsián por nafta azerbaiyana y productos textiles turcos. Sin embargo, para trazar este paralelo hay que ser portador de valores nacionales. La “oposición” está tan alejada de todo lo nacional en la misma medida como Pashinián representa todo lo antinacional.
No es tan trágico que el votante ingenuo se engañe, porque no es la primera vez. Al fin y al cabo, desde todas las direcciones, sean rusas o europeas, le repetían que el elector debía rescatar a Armenia del “mayor mal”. Lo trágico es que la “oposición” no se dio respuestas sinceras ni siquiera a sí misma. Ahora los oposicionistas echan la culpa al votante, a quien le hacen responsable por su incompetencia y oportunismo. Nikol Pashinián, el fundador de la “Armenia Real”, aplastó a la oligarquía a tal escala, que la mítica sociedad civil tiene que promover el reconteo de votos emitidos a favor de los humildes y desafortunados oligarcas. Se trata de la sociedad civil que fue estrangulada ab ovo por Levon Ter-Petrosián y que ninguno de sus sucesores intentó restaurar o fomentar.
Sin embargo, la principal intriga que tuvo lugar a la víspera de las “elecciones” no fue el triunfo del sátrapa turco, sino la presencia en el Parlamento del faro democrático armenio, la única esperanza de todo el Mundo armenio, el constructor panarmenio Kakig Tsarukián. Se refiere a una figura, que obtuvo la autorización de privatizar el Monte Hatis, uno de los sitios más importantes del Altiplano armenio, para instalar la estatua de Jesucristo. Esta decisión fue emanada por el Gabinete liderado por Pashinián.
¿Qué conclusiones y, en parte, lecciones pueden extraerse de las elecciones farsantes de 2026? De nuevo contamos con la Asamblea Nacional con dos fuerzas “opositoras”, pero esta vez en segundo lugar se encuentra un partido oligárquico amorfo y sin ideas, cuyos miembros serán fácilmente comprados o chantajeados por el Contrato Civil para aprobar el anteproyecto constitucional tan deseado, especialmente en condiciones de votación anónima en el parlamento. No merece la pena evaluar esta situación como un éxito, ya que mientras la “oposición” silbaba a Pashinián, él, siguiendo la vieja tradición de la Tercera República, ya se había tomado el control de la Corte Constitucional. Por esta causa el premier puede organizar un plebiscito sobre la nueva constitución sin la aprobación parlamentaria.
En 2021, la tercera facción que no superó el umbral mínimo de votos, pero fue elegida según el Código Electoral, se formó por el partido encabezado por Serzh Sargsián. Esta vez, Robert Kocharián apenas consiguió el número necesario de votos. Es una prueba irrefutable, que los cadáveres políticos deben retirarse y dejar de molestar los cambios sustanciales. La misma lógica se aplica a Arman Babajanián y Aram Z. Sargsián, cuyo apoyo ha caído casi a cero. A causa de la presencia del sátrapa turco, nadie está dispuesto a votar por los políticos proturcos que se presentan como un poco más “prooccidentales” que Pashinián. En una sociedad donde, antes del inicio de la campaña electoral, el 66% estaba en contra de todos según las encuestas, el partido Estoy contra todos apenas obtuvo un 1%. Por eso no se deben lanzar proyectos diletantes ni avergonzarse a sí mismos y a los demás.
En última instancia, el pueblo está aún más desmoralizado y decepcionado tanto de sí mismo como de las distintas comunidades, mientras que los individuos específicos deben asumir responsabilidad. A Pashinián le será aún más fácil estigmatizar a los armenios que residan en Rusia. La noticia difundida por el equipo de Kocharián sobre los votantes que tienen apellidos de origen túrquico fue un mucho ruido y pocas nueces. No está lejos de negar el Genocidio armenio y estigmatizar las comunidades armenias enteras, que ya realiza Pashinián.
A fin de cuentas tenemos una tormenta política, una pelea entre los funcionarios y los pobres, unos armenios de Ereván y los de Artsaj, otros armenios de Ereván y los de Syunik y Tavush, los adeptos de la política proturca abierta y los admiradores de Rusia. Los armenios que viven en la Federación Rusa han sido manejados como muñecas por el oligarca ruso. Tales son consecuencias de las “elecciones” orquestadas por el sátrapa turco de la “Armenia Real”, y legitimadas por 18 fuerzas políticas a costa propia y de patrocinadores ingenuos.
Poco después del día de votaciones, los “patriotas” olvidaron que participaban en las “elecciones” y forzaban al pueblo a acudir a las urnas para salvar al país de una hecatombe inmediata, ¿no es así? Sorprende que, una vez terminadas las elecciones, la meta suprema de tales “metahumanos” ya no sea luchar contra la colonización turca ni prevenir la destrucción de la nación armenia, sino… ganar un par de escaños para que Pashinián no pueda nombrar procuradores o jueces de la Corte Constitucional por sí mismo, el cual ya permanece bajo control del premier desde hace tiempo. Gozar de la inmunidad parlamentaria, al parecer, es más interesante que luchar por el futuro del país. Resulta que el país no está a punto de desaparecer, porque la “oposición” hace frente a asuntos insignificantes de un típico país de Europa Oriental. De repente, las figuras políticas que han legitimado voluntariamente tal show son tomados por sorpresa por una revelación de que en Armenia no hay elecciones justas. Se trata de magnates que tienen a su disposición enormes recursos, evitan las reglas electorales introducidas por sí mismas y encaminadas a excluir las fuerzas minúsculas del proceso político sin capitales colosales. Por esta causa, quejarse de infracciones electorales (más o menos sin razón) es una palabrería de su parte. Se atañe a los partidos capaces de enviar a sus observadores por todo el país. Sus representantes han sido asignados en todas las comisiones electorales. Tienen la facultad de ordenar un recuento manual de votos. Por fin, en las elecciones se vio la participación récord de votantes, que, a su juicio, debía obstaculizar el fraude electoral por Pashinián.
Por desgracia, nadie asume la responsabilidad por la nueva farsa ni por haber engañado al pueblo con falsas esperanzas. Los votantes han cumplido con su “deber”, como se les ha pedido. ¿Querida “oposición”, ustedes tienen alguna obligación o solo gozan de derechos?
Se puede entender a los artistas de circo, porque les gustaría quitarse las máscaras, especialmente en pleno verano. Quizás, incluso les agradezcamos en el futuro por haber desempeñado sus papeles de manera mediocre. Hemos de subrayar que en el pantano político armenio nadie verdaderamente se interesa por la identidad nacional, el rescate del país, los asuntos de guerra y paz.
Durante la campaña ni una vez nos explicaron de qué manera la agenda “opositora” encaminada a proteger las fronteras de Armenia, superar las consecuencias de la Derrota de Artsaj, establecer relaciones con el Spiurq, se diferencia sustancialmente de la plataforma colaboracionista.
Además, hemos escrito que estas elecciones son un plebiscito sobre la consolidación de la colonización turca. La “oposición” lo validó con éxito, ahora el sátrapa turco tiene un as bajo la manga, es que, supuestamente las regiones fronterizas, es decir, Tavush y Syunik, más afectadas por su política de la “Armenia Real” la apoyan. El hecho es que la gente no es tacaña o egocéntrica. El hecho es que nadie les ha ofrecido una alternativa, nadie ha efectuado una campaña electoral adecuada, mientras que la fuerza “oposicionista” mayor ha optado por los sobornos y las encuestas defectuosas preparadas por los especialistas rusos e israelíes. Ha fallado en elaborar un programa esencialmente alternativo y promoverlo por todos los rincones del pequeño país. Por esta causa, tales excusas como “nuestro pueblo es un gran problema” o “las elecciones han sido falsificadas” pueden utilizarse en las conversaciones con la jefatura en el extranjero, pero no nos hacen bajar la guardia.
El Mundo armenio no debe distraerse con los actores arruinados, malgastando un tiempo precioso. Es importante sacar conclusiones correctas y convencerse de la imposibilidad de cambiar las tornas actuando dentro del sistema feudal-clánico y según sus reglas. Teniendo en cuenta esta idea se puede centrarse en superar las consecuencias y mitigarlas en el futuro.
La prioridad máxima para el Mundo armenio debe seguir siendo la preservación e implementación de la Sección 907 de la Ley de Apoyo a la Libertad adoptada por EE.UU. Este es el único as bajo la manga de gran importancia que nos queda. Se refiere a la única herramienta que el Mundo armenio tiene a disposición. La Ley es lo único que ha quedado de la armería que hemos desperdiciado debido a la cúpula de la Tercera República. Pese a todos los esfuerzos que los grupos de presión turcos y azerbaiyanos aplican, el mundo turco tiene más éxito en Washington DC que en Ereván. Debemos continuar este curso, aunque la lucha será larga y difícil, pero no tiene ninguna alternativa. No tenemos nada que perder.
Afortunadamente, no estamos solos en la lucha, porque existen otros centros de poder e influencia que reconocen la importancia que los armenios tienen. Al igual que con la aprobación de la Sección 907 en 1992, estas potencias están al tanto de que es contraproducente permitir la turquificación de Armenia. Además, están al corriente que no merece la pena despilfarrar este valioso recurso, sirviéndolo en bandeja de plata a los colaboracionistas de Ereván. Reconocer nuestro propio valor y establecer lazos con nuestros aliados a fin de preservar y fortalecer el Mundo armenio exige y merece nuestro esfuerzo diario.
El diálogo sistemático con los de arriba en la palestra internacional es una tarea que está al alcance de una aristocracia verdadera. Se trata de un estrato en el que los aliados del Mundo armenio depositan sus esperanzas. La creación de una aristocracia nacional es una fase necesaria en el desarrollo de nuestra identidad. La institucionalización de la aristocracia y las comunidades separadas armenias cobra hoy más relevancia que nunca, cuando la Armenia geográfica sigue estando representada por una burguesía compradora compuesta por oportunistas, colaboracionistas y diletantes sin escrúpulos. Semejante élite simplemente no puede tener ninguna legitimidad, y mucho menos actuar como la única representante del Mundo armenio en el escenario internacional.
En conclusión, expresamos nuestro “especial agradecimiento” a aquellos armenios de la Diáspora que se niegan obstinadamente a aceptar la realidad, intentando calmar su conciencia o su ego invirtiendo dinero en fuerzas políticas pequeñas e impulsando la política de imitación dentro de Armenia. En un sistema que carece de un parlamento verdadero, de cultura política, de una estructura y reglas de juego adecuados, o de una competencia real de ideas y conceptos, es simplemente imposible salir de la nada y reclamar resultados tangibles. Así, los votos emitidos a favor de estas fuerzas se han redistribuido simplemente a favor de Pashinián y los “oposicionistas”, que no se diferencian mucho del primer ministro.
Por haber apoyado generosamente a los candidatos, francamente sin posibilidades de ganar en las «elecciones» francamente sin sentido, los armenios «preocupados» y los mecenas que provienen de las comunidades solo contribuyeron al fortalecimiento y la legitimación del régimen colaboracionista.
