Las campañas efectuadas por Noubar Afeián y otras destacadas figuras armenias para atraer la atención de la Casa Blanca hacia los presos armenios en Azerbaiyán vuelven a demostrar la ineficacia del enfoque adoptado. En verdad, para rescatar a los cautivos de Bakú uno puede convertirse en el hazmerreír, si es posible que ello tenga algún efecto positivo. Sin embargo, nos resulta difícil creer que los magnates que controlan corporaciones norteamericanas más poderosas, abordando asuntos vitales, han sido guiados por esperanzas infundadas. Es aún más difícil creer en la sinceridad y determinación de aquellos a quienes piden la ayuda en lo que se refiere a la liberación de los reclusos armenios en Azerbaiyán.
Por esta causa, una vez más debemos recordar a todos los ciudadanos conscientes a quienes preocupa el asunto de los cautivos armenios una lista de hechos sin cuya observancia es imposible lograr la solución de la misión definida, si realmente la última tiene lugar.
En primer lugar, mientras la cuestión no sea puesta sobre el tapete por los colaboradores en Ereván dirigidos por los turcos, ni a J.D. Vance ni a otros políticos foráneos les interesa lo que piensan al respecto quienes continúan estrechando la mano a esos mismos colaboracionistas. La lógica aquí es clara como el agua: si usted, señor Afeián, no puede forzar a Pashinián que se encargue de la repatriación de los presos, para que el premier mencione el asunto en las cimas internacionales, ¿qué razones o palancas pueden aplicar entonces para negociarse con la administración Trump?
En Ereván, el tema no sólo se pasa por alto, se niega. El sátrapa turco y sus jóvenes jenízaros han confesado repetitivamente que la cuestión de los prisioneros armenios no forma parte de su agenda, lo que confirman sus homólogos azerbaiyanos. A pesar de los esfuerzos que usted, señor Afeián, ha realizado para poner el asunto en el ámbito humanitario, incluso la Defensora del Puebloarmenia se niega a recolectar información sobre las condiciones de la prisión, explanando abiertamente que la observancia de los derechos humanos en el caso de los presos armenios sobrepasa el ámbito de su encargo. Más aún, el ombudsman azerbaiyano (!) mantuvo la entrevista con nuestros reclusos, mientras que Azerbaiyán es uno de los países más despóticos del mundo, pero los “emisarios de la paz” armenios, que casi permanente se encontraron en Azerbaiyán, fallaron en hacer lo mismo.
¿Qué dice esto sobre Afeián y otros abogados de nuestros cautivos? Si continúan legitimando la actividad de los colaboracionistas azerbaiyano-turcos, estrechándose la mano, reuniéndose con ellos y notificando sobre los proyectos a gran escala, significa que les satisface la actitud del Gobierno armenio en lo que atañe a los presos. ¿Por qué entonces tal hecho debería complicar la vida de J.D. Vance? Si en realidad están descontentos, lo que intentaron demostrar al publicar el manifiesto en defensa de la Iglesia armenia, es evidente que ese descontento carece del efecto. ¿Por qué entonces algún J.D. Vance habría de esforzarse por interceder?

Por esta causa, antes que nada es necesario cortar cualesquiera lazos con el poder actual en Ereván y cualquier otro liderazgo antiarmenio, fijar líneas rojas y declarar el boicoteo. Lo debe llevar a cabo, si, por supuesto, el destino de sus amigos y compatriotas realmente les importa. Es absurdo legitimar a quienes se niegan a reconocer siquiera la importancia del presente y el futuro de los reclusos.
En segundo lugar, para promover eficazmente cualquier agenda, se necesita dimensión específica, organización y estrategia. Por ello, es crucial definir en nombre de quién usted se comunica con la opinión pública. Está bien que las figuras ilustres tengan nombres bien conocidos, pero sus peticiones, como vemos, se pasan por alto, lo que no conlleva consecuencias concretas. Lamentablemente, las iniciativas humanitarias, por ejemplo, la fundación “Aurora”, tampoco no se ajustan, ya que carecen del ámbito político. Es más, la lógica humanitaria de mitigar o superar las consecuencias de tragedia en casos individuales que subyace la fundación “Aurora” conduce a que dentro de 20 años a algún carcelero azerbaiyano le otorguen el premio por no escupir en la comida de nuestros prisioneros o por no torturarlos con tanta brutalidad, pero no a que los cautivos vean la luz del día y vivan en libertad.
El rescate de nuestros prisioneros es una meta política, que no puede resolverse con medidas humanitarias. Por ello, es urgente establecer una organización transnacional política que no solo informe, sino que cree palancas eficaces. No vale la pena explicar a los que crearon corporaciones grandes y exitosas que estas son herramientas vitales para solucionar nuestros problemas. Así, si la meta realmente existe, para evaluar el empeño es indispensable adoptar el enfoque responsable y sistemático: establecer organización, redactar agenda, definir objetivos, definir resultados intermedios y efectos deseables, así como criterios de éxito y fracaso.
En tercer lugar, y finalmente, merece el esfuerzo aprender de aquellos que, estando en la cárcel, piensan de manera más libre y amplia que sus “liberadores”. Rubén Vardanián ya ha demostrado su comprensión de la naturaleza política y no humanitaria de su encarcelamiento. En su último mensaje, también menciona la responsabilidad política de la jefatura en función, aunque se centre en lo humanitario. Es que la parte armenia ni siquiera se interesa por las necesidades básicas de higiene y alimentación de sus ciudadanos, lo cual directamente afecta su supervivencia. Cuanto antes llegue la plena comprensión de la naturaleza política del cautiverio a todos los participantes, de manera más eficaz y rápida se elabore la estrategia de liberación. Azerbaiyán también nos empuja a efectuarlo, al insistir en que para ellos son “separatistas” y “terroristas”, no presos.

Sin aceptar estos hechos y sin actuar conforme a ellos, sin tener en cuenta las transformaciones regionales y globales en el marco de una estrategia integral, las peticiones de ayuda parecen un truco barato o una muestra de debilidad, ya que no resuelven el problema. El autobombo es, por supuesto, un asunto personal, pero cabe esperar que exista un paradigma común de que las vidas y destinos de los armenios que permanecieron en Artsaj hasta el final no son un pretexto para promocionarse.
Lamentablemente, repetimos esto desde hace años, por lo que la fe en los abogados públicos de nuestros prisioneros (sus amigos, conocidos mecenas armenios y sus familias), en la seriedad de sus intenciones sigue disminuyendo cada día. Hemos demostrado la ineficacia del enfoque inútil de la defensa pública de Rubén Vardanián, algo que él mismo reconoció más tarde. Hemos señalado que cabe:
1. negarse de las acciones mediáticas sin sentido y aunque peligrosas y definir el estatus de los reclusos y la estrategia de su liberación;
2. seguir el ejemplo de Vardanián y comprender que es imposible lograr el resultado deseado actuando dentro del sistema antiarmenio constituido en Ereván;
3. no malgastarse en proyectos humanitarios y establecer prioridades en lo que atañe a la lucha de manera clara;
4. no validar la dictadura azerbaiyana y no publicar súplicas lacrimosas;
5. no legitimar a los jóvenes jenízaros de Ereván y no entrevistarse con aquellos descuidadamente, no darse las manos y no llevar a cabo proyectos conjuntos, no colaborar con los colaboracionistas turcos;
6. por fin, poner en orden el juicio y sus acciones, asumir la responsabilidad por el país y su gente, para cuya preservación usted no escatima recursos financieros, pero sí tiempo, determinación y herramientas adecuadas para luchar, lo que es más importante.
Advertimos que el tiempo es críticamente escaso y que nuestras actividades descoordinadas benefician al mundo turco. Cada minuto en el cautiverio de Bakú acorta la vida de los 23 hijos del pueblo armenio, aunque no todos sean dignos: les han utilizado para sentenciar a todo el Mundo armenio y a nuestra lucha de liberación nacional. Cada minuto de inacción demuestra que consideramos esta situación normal y aceptable, que los presos merecen tal desenlace, que nos satisfacen publicaciones esporádicas en medios de comunicación y menciones irregulares en el transcurso de las reuniones con los de arriba. Con cada minuto, se reduce no sólo su vida, sino también las posibilidades de restaurar la soberanía armenia, de legar a las futuras generaciones Armenia independiente y descolonizada.
La liberación de los presos armenios es una de las prioridades clave de la República Armenia. Luchamos constantemente por su futuro en los frentes interno y externo, aunque no sea pública, pero sí efectiva. Tenemos la estrategia hecha y derecha para alcanzar este objetivo y seguimos abiertos a quienes estén dispuestos a unirse.
