Desde el zar hasta el sultán: garantes fidedignos de la destrucción de Armenia

Armenia solamente tiene futuro como la Nación independiente y centro del Mundo armenio global.

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La “oposición” descaradamente continúa dando coba al régimen colaboracionista, mimetizando un proceso electoral ordinario. Cadáveres políticos intentan hasta el final arrastrar consigo lo que queda de Armenia.

Por esta causa no sorprende que, tras los especialistas israelíes en defensa antiaérea colocados por el partido “Armenia Fuerte”, hayan seguido nuevas soluciones “milagrosas” propuestas por el bloque electoral aliado “Armenia” liderado por Robert Kocharián. Dado que Kocharián nunca desarrolló un sincero interés por la construcción del Estado y del Ejército, vuelve al “sitio del crimen”, o sea, busca de “aliados estratégicos”.

La búsqueda de aliados y garantes se ha convertido en un deporte nacional en la Tercera República. En lugar de ocupar su propio lugar en la región y en el mundo, que no desaparezca en un instante, Armenia ha pasado 36 años pidiendo protección de varios patrocinadores eventuales, erróneamente llamados “aliados”. No solo el resultado de tales vagabundeos ha sido lamentable, lo más importante es que el “segundo Presidente” está dispuesto a equivocarse una vez más, estando al tanto perfectamente que ahora sus aventuras políticas tienen más bajas posibilidades de éxito que entonces. Más reprochable aún es la forma en que él engaña a su “electorado”.

El colaboracionista turco Pashinián, por su parte, finge haber comprendido este desacierto y supuestamente establece la “independencia” a raíz de la “dependencia de muchos”. Sin embargo, esta fórmula, elaborada por centros “analíticos” serviles, no es más que un intento patético de encubrir la sustitución de la metrópoli rusa por la turca. Quizá el listado de accionistas aumente ligeramente (Rusia permanece entre ellos), pero el Mundo armenio sigue sin tener acceso a estas subastas cerradas.

Incluso con intenciones al menos superficialmente proarmenias, tal “diversificación de dependencias” no daría el resultado deseado, ya que el principio no consiste en ampliar el círculo de testigos y cómplices de la destrucción de nuestra soberanía, sino en instituir la red de relaciones interdependientes en la que Armenia sea un sujeto funcional y útil, indispensable y capaz de desempeñar su papel para siempre.

Todo lo que hoy se nos ofrecen en el ámbito político ficticio es un abanico de tonterías desde “hay que complacer a los aliados y ellos nos salvarán” (los mismos “aliados” que fueron testigos silenciosos e incluso cómplices en la catástrofe nacional) hasta “los aliados no nos salvarán, por lo que debemos rendirnos completamente a los enemigos para garantizar nuestra existencia”.

Se ha llegado al punto de que los jóvenes jenízaros turcos califican sin pudor Armenia y Azerbaiyán como garantes recíprocos de su seguridad. Desde los tiempos de Benjamin Franklin poco ha cambiado, por eso lo único que hoy garantizan Azerbaiyán y el régimen colaboracionista encabezado por Pashinián para Armenia es la muerte y los impuestos.

Ambos extremos de este espectro político absurdo saben perfectamente, y lo han comprobado a través de la práctica, que ningún formato de colonización promete otra cosa a Armenia. Tampoco ignoran que en las relaciones internacionales no existen ningunas garantías. No obstante, ¿de qué manera podrán convencer a los armenios a elegir falsamente entre “garantes” si tal hecho reconocerán abiertamente?

A pesar de que el manifiesto “electoral” del partido colaboracionista “Contrato Civil” promete abiertamente convertir a Armenia en un país que no represente amenaza para Azerbaiyán, este último no pone la fe en esta “garantía” y sigue armándose. ¿Qué harán aquellos que hace 110 años masacraron a 1,5 millones de armenios desarmados y sin Estado nacional con quienes “no consideran una amenaza”? ¿Qué amenaza representaba el trozo de Artsaj tras la Segunda guerra del Alto Karabaj, para que deportaran a 120.000 armenios hambrientos y abandonados por Ereván? ¿Qué amenaza eran los últimos diez armenios que permanecían en Artsaj, si ni siquiera Azerbaiyán a ellos se les permitió morir en sus casas?

Para Pashinián, el proyecto TRIPP o “la Ruta Trump” en el que los foráneos retienen un paquete de acciones mayoritario y el ferrocarril “Giumri – Kars” imaginario son “garantías” conducentes a la paz regional. Sin embargo, en su manifiesto no se menciona que la paz regional implique la existencia de Armenia y de la Nación armenia. Aunque podría mentir sobre eso, como lo hizo en 2021 prometiendo regresar Shushi y Hadrut.

En el sistema feudal-clánico no hay una sola fuerza que proponga una visión de la región ni del lugar que podría ocupar en ella el futuro Estado armenio. Ese lugar debería ser tan indispensable que no fuéramos nosotros quienes, mientras que el alma se le cae a los pies, presenciamos la competición de “garantes”, temiendo haber tomado una mala desición otra vez más, sino que una Armenia firme se convirtiera en garantía de éxito de dichos “garantes”.

Los agentes foráneos tienen muchos epítetos para describir el futuro de Armenia. No obstante, Armenia solamente tiene futuro como la Nación independiente y centro del Mundo armenio global. El Mundo armenio es un valor único, del que pocos pueden presumir. En lugar de utilizarlo para construir la Nación, los colaboracionistas pretenden someterlo a una nueva purga, manteniendo a distancia a todos los que no estén de acuerdo con la agenda de la “paz”, o sea, la colonización turca.

La “oposición”, por su parte, también ha repudiado durante años el Mundo armenio como coautor de la Nación y promotor de los intereses nacionales. En la cosmovisión de Kocharián, Tsarukián y los Karapetián, la Diáspora no es un agente de cambio, sino la fuente de financiamiento, no es un valor, sino en cierto modo una molestia, que genera obligaciones falsas ante los países donde viven las comunidades armenias. Ellos han optado por considerar inferiores a quienes ya han demostrado ser competentes, útiles y responsables, tener redes y oportunidades globales en los principales países del mundo.

Armenia, atrapada entre fuerzas hostiles, no tiene futuro en el marco regional ni en el formato 3+3 (Armenia, Georgia, Azerbaiyán + Turquía, Irán, Rusia) ni en la plataforma 3+3 menos Rusia. La Nación armenia no puede existir como “bastión” o “el bajo vientre” liderado por fracasados y aventureros, como colonia del mundo turco, como puerta giratoria o motel de carretera para rutas transcaspianas o transcaucásicas.

Cada armenio autoconsciente debe boicotear este espectáculo inmersivo en el que se nos propone “elegir” entre variantes de la destrucción de nuestro propio futuro. De lo contrario, la marca en la papeleta electoral será lo último que los armenios podrán escribir en la crónica de su historia.

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