La venganza del realismo II: El hotel “Armenia Real”

Bienvenidos al hotel “Armenia Real”, un establecimiento direccionado por Turquía y Azerbaiyán, que han invertido a largo plazo. Es una empresa donde el cliente siempre tiene la razón, mientras que el armenio tiene que servir.

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En los últimos dos años, Nikol Pashinián ha presentado dos conceptos alrededor de los cuales intenta construir el futuro de los armenios: “La Encrucijada de la Paz” y “Armenia Real”. La paradoja fundamental no reside en que el hombre que una vez declaró rechazar “-ismos”, porque todas las teorías y conceptos ideológicos existentes eran obsoletos e irrelevantes, ahora esté hablando de las ideologías. Quizás esta sea la única vez que este personaje se ha comportado de manera sincera y abierta, porque en realidad no cree en nada, no sabe nada y no entiende nada. Es un asunto evidente a quienes siguen cuidadosamente y analizan las decisiones adoptadas por este escritorzuelo. Sin embargo, examinemos a cuál realidad conducen las encrucijadas de la paz mítica erigidas por Pashinián.

Cuando Pashinián lanzó su ultimátum en 2018, que se puede caracterizar como «you subo al poder o voy a desatar una hecatombe revolucionaria», ya tenía un manifiesto bien elaborado para gobernar el país. Tal manifiesto no fue un secreto o algo brillante ni inimaginable. Nikol surgió como un producto ideológico de tres personajes fascinantes: el primer mandatario Levon Ter-Petrosián, Ashot Bleián, un activista cívico que anhelaba la paz con Turquía y Azerbaiyán a cualquier precio, y Khachatur Sukiasián, un empresario “progresista e intelectual¨ que, a finales de la época soviética, participó en las actividades criminales organizadas tales como racketeering y krysha en Silachi, un arrabal de Ereván. El plan era muy simple, y el trío mencionado habló de él abiertamente y con franqueza: debe de privar a Armenia de cualquier categoría de Estado para convertir el país en un hotel regional de dos estrellas asequible.

Cabe subrayar que para Pashinián eso fue un verdadero reto. Los predecesores de Pashinián, representados por feudales y oligarcas locales, actuaron como instituciones públicas. Sometieron al país, sacando provecho, mientras que se efectuaba la externalización de los asuntos de seguridad. Iniciaron un discurso falso según el cual Armenia es una nación demasiado pequeña para determinar de forma independiente el destino de su pueblo. En su opinión, un estado rodeado de tierra, que no dispone de petróleo y gas, debería permanecer bajo la protección del protector geopolítico. Parece que tal enfoque no requiere ningún esfuerzo. ¿Si vale la pena desarrollar una estrategia de seguridad nacional, preparar un programa de política exterior, avanzar la ciencia y la educación, cuando se puede simplemente prorrogar la permanencia de la base militar de otro país para los próximos 50 años y pedir préstamos del protector para adquirir el equipo militar producido allá? En lugar de fortalecer la categoría del Estado, existimos de manera inerte dependiendo del protector. En lugar de educarnos, somos divididos y humillados. En lugar de establecer la aristocracia y la burguesía nacional, observamos oportunistas que siguen pasando por mecenas y filántropos preocupados por el destino del país. Estamos en un vacío en lo que atañe a todos los ámbitos convirtiéndose en una puerta giratoria para los foráneos de cualquier tamaño y tipo.

Hasta 2018, Pashinián se recordó únicamente por sus gritos histéricos en la Asamblea Nacional, un parlamento títere controlado por el mandatario Serzh Sargsián, donde Pashinián había desempeñado un papel de falsa oposición, legitimando el régimen. En 2018, tomó el poder de las autoridades, que hizo Armenia un campo de batalla entre varios clanes y personalidades poderosas dejando el país debilitado. El cuento trillado condujo al resultado previsible. Nadie en su sano juicio debería creer que en un estado hecho y derecho el equipo político formado por un DJ, un agente de viajes, un restaurantero, y encabezado por un representante de la prensa amarillista sea capaz de conquistar el poder en una semana determinando el destino y el futuro de millones de personas. Embriagada por el éxito de la así llamada Revolución de Terciopelo, la sociedad les consideró “los salvadores enviados por el Dios”. Esta ilusión al principio les permitió gobernar el país. Mientras la gente estaba recuperándose, la nueva autoridad lanzó un tésis sobre el retorno del antiguo régimen. A su vez, los políticos del pasado atemorizaban a la sociedad afirmando que los patrocinadores de la República Tercera estaban insatisfechos del nuevo régimen. El pueblo ni siquiera se dio cuenta clara de que tales figuras y su jefatura intentaron intimidar a la gente sin importar de qué manera. Nos forzaron a aceptar esa realidad y elegir el mal menor. De tal lógica se derivan los siguientes discursos: (1) si no entregamos Artsaj, se desatará la guerra contra Armenia; (2) si no cedemos algunos territorios armenios, perderemos todo el país; (3) si no echamos al olvidio a Tigranes el Grande y el Genocidio armenio, enfureceremos a Turquía, que es capaz de destruir Armenia. Se han aparecido cientos de comentaristas y oposicionistas falsos que siguen engañando a la gente. Algunos insisten en que la salvación reside en restaurar relaciones con el antiguo protector, mientras que otros se desviven por un nuevo garante de seguridad que sin duda protegerá al país de cualquier amenaza. Ahora se necesita convencer a los armenios de que el país tiene que transformarse en la «Encrucijada de la Paz» mítica, un paraíso geopolítico y económico donde se ha instalado la paz, se mantiene la amistad internacional, todo sigue prosperando, mientras que los pájaros cantan. Si esto implica entregar aún más, hacer caso omiso de la historia, desmantelar el Dzitsernagapért, modificar la Constitución y la Declaración de Independencia, retirar todas las demandas penales contra Azerbaiyán por crímenes de lesa humanidad y apoyar La conferencia de la ONU sobre el clima (COP29), una cumbre totalmente hipócrita, que se celebró en Bakú, que así sea. Bienvenidos al hotel “Armenia Real”, un establecimiento direccionado por Turquía y Azerbaiyán, que han invertido a largo plazo. Es una empresa donde el cliente siempre tiene la razón, mientras que el armenio tiene que servir.

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