Ensayos sobre la actual crisis en el Gran Oriente Medio

Parte 2. La confrontación de cosmovisiones.

República Armenia
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Los acontecimientos en el Gran Oriente Medio constituyen uno de los episodios clave en la configuración del nuevo sistema de relaciones internacionales. Esta región, en todas las épocas, ha tenido una vital importancia en lo que se refiere a los procesos políticos globales. No se trata únicamente de sus riquísimos recursos naturales y de su ubicación que tiene valor estratégico, sino también de un profundo simbolismo histórico. Allí surgieron las primeras civilizaciones que crearon la base del posterior desarrollo de toda la humanidad. En esta misma región nacieron también las tres religiones abrahámicas mundiales: el judaísmo, el cristianismo y el islam.

Durante muchos siglos, los pensadores y estadistas occidentales, desde los griegos y romanos hasta los holandeses y británicos, creían que el dominio mundial se aseguraba mediante el control sobre esta región, por donde pasan las arterias civilizacionales y enérgicas. Tal presunción tiene fundamentos bastante sólidos. Los representantes de los pueblos más antiguos del Oriente Medio, que se despersaron por todo el mundo como consecuencia de la caída y la pérdida de sus centros étnicos, lograron no solo conservar su peculiar patrimonio identitario, sino también aportar una contribución significativa al desarrollo político, económico, cultural y científico-educativo de cientos de países y pueblos en todo el mundo.

En el marco de este ensayo no nos proponemos analizar los aspectos tácticos y técnicos del conflicto presente, ya que en procesos de este tipo desempeñan un papel extremadamente importante matices y facetas particulares, que con frecuencia permanecen invisibles. Hay demasiadas incógnitas, incluso para las potencias mundiales, como para construir modelos y escenarios mínimamente realistas de los acontecimientos futuros. Por lo tanto, dejemos las conjeturas y suposiciones a quienes desde hace tiempo se dedican a ello con gusto y profesionalmente. Nosotros intentamos presentar al Mundo armenio varios hechos, aunque difíciles de aceptar, que desde tiempos inmemoriales constituyen los cimientos de los asuntos internacionales.

En primer lugar, la supervivencia estratégica siempre es el motivo clave para formular y implementar las decisiones políticas. Por supervivencia estratégica debe entenderse la capacidad de un pueblo para movilizar rápida y eficazmente sus recursos internos cualitativos y cuantitativos con el fin de adquirir, preservar, proteger o fortalecer su subjetividad política. Sin embargo, esto no significa hacerse independiente de forma absoluta, porque tal fenómeno no existe en la política. La subjetividad política implica poseer una infraestructura crítica competitiva y correctamente estructurada, que permita formar, promover y defender su propio sistema de visiones políticas, económicas, sociales y culturales, es que el interés nacional.

En segundo lugar, la preservación, protección y multiplicación del propio patrimonio constituyen los pilares que determinan las directrices ideológicas y valorativas. Sobre esta base, es decir, la ideología y los valores, el sujeto define sus metas estratégicas concretas, formula tareas tácticas y crea las herramientas correspondientes para alcanzarlas. El patrimonio genera la ideología, y la ideología genera la cosmovisión (el concepto), que determina la lógica de una actividad compleja e integral.

En tercer lugar, siempre conduce a consecuencias catastróficas la falta de voluntad popular de aprender de sus propios errores y de los ajenos, y a avanzar en la única dirección correcta obteniendo el estatus de sujeto mediante la revelación y utilización de su propio potencial.

En el conflicto presente han colisionado diferentes cosmovisiones (conceptos) de varios sujetos que poseen una sólida infraestructura nacional y transnacional. La nación israelí política, que es resultado y continuación de la nación transnacional israelí, ve su supervivencia estratégica a través del concepto de dominación total en la región. Se les puede acusar cuanto se quiera de ambiciones excesivas y de un deseo desenfrenado de apoderarse de manera monopolística, pero actúan partiendo de un profundo trabajo sobre sus propios errores. La principal lección es simple: se les ha negado la igualdad, y cualquier período de tranquilidad en el que podían crear y prosperar conducía finalmente a decisiones orientadas a su eliminación física como pueblo. La propia historia política del Estado de Israel, desde su establecimiento hasta su lucha interminable por el derecho a existir, tampoco contribuye a que la aristocracia global israelí desarrolle confianza hacia este mundo, en el que se libra una permanente guerra hobbesiana de todos contra todos.

Irán es un estado que tiene profundas raíces imperiales. Es un gran país con recursos extraordinariamente ricos y un gigantesco potencial humano. Su aspiración a la hegemonía en la región como condición de supervivencia estratégica es tan natural como el deseo de Israel de impedirlo. El Irán contemporáneo es una república islámica de orientación chií que se encuentra rodeada principalmente por los países sunitas, cuyos, desde la perspectiva de Teherán, no son sujetos independientes. Turquía es suní, heredera del islamocéntrico Imperio otomano, pero hoy tiene un carácter secular y es miembro de la OTAN. Las monarquías árabes del Golfo Pérsico surgieron gracias al apoyo occidental al gran despertar árabe y, por inercia, permanecieron dentro de la esfera de influencia norteatlántica. De ahí proviene la misión actactriz de descolonizar la región, que los iraníes adoptaron como su misión estratégica.

En realidad, el sionismo israelí que no debe confundirse con el sionismo cristiano y el chiismo iraní son fenómenos ideológicos completamente únicos, que han absorbido elementos profundamente religiosos (el judaísmo y el islam de orientación chií) junto con fuertes componentes nacionales desarrollados a lo largo de história milenaria. La reconciliación o la coexistencia pacífica de estas cosmovisiones (conceptos) es imposible, ya que una cosmovisión puede construirse sobre las ruinas de la otra.

Las posiciones iniciales para defender y promover sus objetivos son diferentes. En general, el concepto israelí es más firme. A diferencia del iraní, que tiene un carácter puramente geográfico (se trata del país y las redes étnicas dentro de los países ubicadas en la región), Israel ha emergido de una red transnacional bien organizada, influyente y ramificada, o sea, la aristocracia transnacional. Naturalmente, la circunstancias presentes en las que el Estado judío permanece no pueden dejar de influir en la condición de esa red. Sin embargo, el debilitamiento de Israel, su ocupación e incluso su desaparición no tendrían una influencia crítica sobre la supervivencia estratégica de la nación transnacional israelí. Su red ha demostrado repetidamente una extraordinaria capacidad de regenerarse rapidamente, movilizarse y implementar soluciones no convencionales. En otras palabras, la derrota de Israel, a diferencia de Irán, no significará el fin de la subjetividad política israelí. Irán, resuelto a los parámetros geográficos estrechos, o sea, las ambiciones banales, no tiene nada que mostrar de la misma escala. Por el contrario, Teherán, debido a la ausencia de su propia estrategia transnacional, ha pasado las comunidades persianas de millones de personas por alto, que en gran medida se han convertido en parte o herramienta de la estrategia que llevan a cabo los israelis.

Hoy tenemos la posibilidad de observar en tiempo real la fase caliente de la confrontación entre estos dos conceptos. Repetimos que cada uno de ellos es un sujeto y, por lo tanto, está al tanto de la inevitabilidad de las víctimas, tanto propias como ajenas. Tal es el precio real de la supervivencia estratégica: así ha sido, es y siempre será.

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