¡Basta con el autoengaño, se necesita la acción!

Sin un diagnóstico correcto es imposible curar al paciente. Los médicos y biotecnólogos expertos como Nubar Afeián, Ara Darzi y Eric Esrailián lo saben perfectamente.

República Armenia
República Armenia 253
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El premier Benjamin Disraeli, uno de los políticos británicos más destacados, se le considera el autor de una cita interesante y muy profunda. Se trata de que autogobernarse es uno de los ideales de cualquier humano.

“Las circunstancias están más allá del control humano, pero nuestra conducta está en nuestro propio poder”.

Para interpretar esta frase hay que profundizarse en el contexto histórico complejo, pero su esencia es simple: si el hombre desee gobernar algo o a alguien, se debe, ante todo, ponerse en orden a sí mismo, es decir, establecer dominio sobre sí mismo.

Recientemente, una agrupación de armenios influyentes quien residen en el extranjero, entre ellos Nubar Afeián, un lord inglés Ara Darzi, Eric Esrailián, Vache Manoukián, formuló una declaración que Nikol Pashinián debe dejar de intervenir en los asuntos de la Iglesia armenia y abstenerse del derrocamiento forzado del catolicós Karekin II. A juicio de los iniciadores, tal enfoque adoptado por el Gobierno armenio puede perjudicar la tríada Armenia – Iglesia – Diáspora.

En sí misma, esta declaración, a nuestro entender, es animada mas bién por las mejores intenciones: proteger a la Iglesia armenia, un elemento esencial de la identidad armenia. Sin embargo, hemos subrayado en repetidas ocasiones que las buenas intenciones por sí solas sin analizar la situación con la cabeza fría, sin aceptar la realidad, sin redactar una estrategia de acción coherente conducen a consecuencias extremadamente negativas y, a menudo, catastróficas. Intentemos una vez más explicar en qué consisten los problemas de este tipo de declaraciones y por qué, de manera previsible, no tienen ningún efecto.

En primer lugar, vemos la meta/las misiones estratégicas no han sido formuladas. La declaración es sólo un acto táctico que tiene por objeto explicar a la opinión pública cuál es la meta de su(s) promotor(es). ¿Existe una misión o meta y, de ser así, en qué consiste? Esta declaración no responde a esa pregunta. Además,

a) Los firmantes denominan al régimen comprador turco como “El Gabinete de Armenia” legitimando de ese modo las decisiones adoptadas por el poder. En otras palabras, no existe el objetivo de derrocar o despreciar al régimen, de evaluarlo adecuadamente o, al menos, de declarar que no está autorizado a tomar decisiones que pongan en peligro la supervivencia de las comunidades armenias multimillonarias por todo el mundo.

b) Los rubricantes prestan su atención a la figura de Karekin II, al principio de laicidad y a las normas eclesiásticas, ignorando el hecho de que el desmontaje de la Iglesia armenia es consecuencia directa del consentimiento tácito por parte del catolicós armenio a la política de Pashinián desde 2018. Karekin II, al igual que muchos armenios influyentes en todo el mundo, reconoció el poder de Pashinián y legitimó sus medidas posteriores, estando a su lado y estrechándole la mano. La última vez la mayoría de los autores de la declaración y Karekin II lo hicieron el 29 de septiembre de 2024.

c) Se ha dirigido un mensaje a la Iglesia Armenia y al así llamado Gobierno de Armenia, dos partes carentes de autonomía, para que resuelvan todas sus disonancias. No queda claro de qué disonancias se trata. Pashinián no tiene ningún conflicto con la Iglesia armenia. Para él, la última es simplemente una víctima, mientras su tarea es clara. Habrá de destruirla como último baluarte de la identidad institucional armenia y reconfigurarla conforme a instrucciones turcas. A Karekin II tampoco le preocupan valores ni herencia personal. El catolicós tiene por objetivo no perder su propio poder, y su leal y prolongado servicio al sistema feudal-clánico personificado por Robert Kocharián, Serzh Sargsián y Nikol Pashinián es el mejor indicador de su “devoción” a los ideales de la Iglesia armenia.

Entonces, ¿cuál es el objetivo de esta declaración? ¿Llamar a la víctima, o sea, la Iglesia armenia, a enmendar las cosas con Pashinián, el violador y el sátrapa turco? ¿O reconocer como legítimo al régimen colaboracionista turco, aceptando los “frutos” de su política, entre ellos, la entrega de Artsaj, de su población y su dirigencia, la eliminación de la historia y la identidad armenias, a cambio de que Pashinián cese el ataque contra el catolicós? ¿O recordar a Pashinián que la “Diáspora” etérea no está de acuerdo con su política?

En segundo lugar, los autores de tal declaración no tienen ninguna legitimidad. Si la meta ha sido demostrar a Pashinián la actitud de la “Diáspora”, está destinado al fracaso total, porque simplemente la Diáspora institucionalizada no existe. Hoy existen miles de comunidades dispersas por el mundo que carecen de un fundamento ideológico y de valores común, de un sistema de legitimación y de instituciones que formulen y promuevan intereses nacionales comunes como los poseen el Congreso Judío Mundial o la Liga céltica. Ninguno de los firmantes puede explicar de dónde proviene el derecho a dirigirse no sólo en nombre de la así llamada “Diáspora” no estructurada y, por tanto, inexistente, sino siquiera en nombre de sus propias comunidades locales. No se han establecido mecanismos que permitan a los armenios locales delegar en alguien la facultad de formular declaraciones y tomar decisiones en su nombre.

Pashinián, al leer la declaración, podría plantear una pregunta sencilla: ¿quién otorgó a sus autores y firmantes el derecho a actuar en nombre de la así llamada Diáspora? Eso es precisamente lo que hizo a través de algún Jacques Raffi Papazián, en torno a quien Pashinián sigue formando una red leal dentro de las comunidades armenias de Francia. Desde el primer día de su “gobierno”, Pashinián creaba en las mayores y más importantes comunidades una alternativa a las organizaciones tradicionales, que hace tiempo dejaron de ser referentes para la mayoría absoluta de los armenios en comunidades. A tales organizaciones leales les ofrece lo que otras no tienen, es decir, “la legitimidad reconocida por la República de Armenia, aunque sea con el estatus de colonia turca”. El premier se entrevista con sus líderes, los recibe oficialmente en Ereván, les concede premios públicos, enviando así una señal interna: “Armenia los reconoce como líderes del Spiurq”. Sin embargo, la amenaza es mucho más oculta. El mundo turco, a través de este régimen colaboracionista, dispone de la posibilidad de crear sus propias redes dentro de las comunidades armenias, convirtiéndolas en herramientas de su influencia. Si se ignora esta amenaza, en el mediano plazo el armenismo mundial podría convertirse en parte y herramienta de una gran red transnacional turca, con todas las consecuencias que ello implica.

En tercer lugar, cabe aceptar la realidad. La Tercera República es, de hecho, una colonia gobernada por un régimen colaboracionista que bajo las órdenes turcas destruye los fundamentos de la identidad armenia, es decir, la memoria histórica y la denominación única encarnada en la Iglesia apostólica armenia. Nikol Pashinián actúa como un sátrapa que toma decisiones en función de los intereses del mundo turco, intentando integrar Armenia en su estado actual y las comunidades armenias dispersas por todo el mundo en la zona de influencia turca. Aceptar estos hechos puede ser doloroso y desagradable, pero es condición necesaria para formular una estrategia de lucha eficaz. Sin un diagnóstico correcto es imposible curar al paciente. Los médicos y biotecnólogos expertos como Nubar Afeián, Ara Darzi y Eric Esrailián lo saben perfectamente.

Tras aceptar estos hechos, es importante definir una meta estratégica preferente. Hoy, combatir dentro de Armenia es absolutamente infructuoso. El régimen colaboracionista y la “oposición” que lo sigue legitimando (a propósito, son responsables en su totalidad de la catástrofe actual) ejercen un control efectivo total sobre la infraestructura crítica, es decir, medios, recursos financieros, fuerzas de seguridad y aparato represivo de la Armenia geográfica. Dentro de la ciénaga política que se descompone, donde no hay ninguna ideología proarmenia, es a priori imposible que surja una fuerza política armenocéntrica capaz de reunir la masa crítica y los recursos necesarios para combatir el sistema feudal-clánico monopólico respaldado por el extranjero.

Por doloroso que sea reconocerlo, el régimen colaboracionista se reproducirá en las próximas así llamadas “elecciones” que celebrarán en junio, y la “oposición” quizá renueve su fachada, pero seguirá siendo en esencia los descendientes de los llamados “antiguos”. Pashinián establecerá la “paz” con Turquía y Azerbaiyán, acabará con la Iglesia armenia y otras instituciones que obstaculizan la transformación del país en un lupanar geopolítico llamado “Armenia Real”. Todo lo reconocerán los principales centros de poder y lo legitimarán, porque para ellos Pashinián es actualmente el único (quimérico) sujeto que formula y ejecuta el (quimérico) “interés armenio”.

¿Qué hacer? Iniciar el proceso de construcción nacional formando mecanismos que permitan transformar las comunidades dispersas en unída institución (o instituciones) que represente la Diáspora. Si el Mundo armenio contara con una institución global como la tienen judíos, irlandeses o polacos, las declaraciones de armenios influyentes como Nubar Afeián, Ara Darzi, Vache Manoukián y Eric Esrailián tendrían un significado y un impacto cualitativamente distintos. Además, la existencia de una red transnacional organizada habría reducido considerablemente la probabilidad de la colonización de Armenia, la preservación del sistema feudal-clánico, la pérdida de Artsaj, la humillación vergonzosa de su liderazgo encarcelado en Bakú.

La República Armenia propone una visión clara de cómo y con qué herramientas tiene que desarrollarse el proceso de construcción nacional. Por razones comprensibles, esta información no puede publicarse abiertamente. En este sentido, surge la pregunta: ¿están los autores de la declaración y otros armenios influyentes por todo el mundo dispuestos a aceptar la realidad y comenzar una lucha sustantivamente distinta por preservar su derecho a seguir siendo armenios, rezar en la Iglesia armenia, leer y pasar a las nuevas generaciones la historia armenia y enorgullecerse de categoría de estado armenia soberana? Nos gustaría escuchar la única respuesta correcta para cada armenio, porque ha llegado el momento de ponerse en orden.

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