Participar = hacerse cómplice

El imperativo del boicoteo a las elecciones falsas de 2026

República Armenia
República Armenia 202
13

El año 2026 arrancó a todo gas. Mientras en un país lejano, es que Venezuela, ante los ojos del mundo entero, fue secuestrado su mandatario, y en otro, uno de los dos países vecinos con fronteras abiertas para nosotros, es que Irán, miles de personas ya fueron asesinadas en el transcurso de las protestas callejeras y enfrentamientos sin precedentes, en Armenia sigue gobernando Su Majestad la Farsa. Mientras el periodista de baja estofa Pashinián intenta convertirse en teólogo y aniquilar la Iglesia apostólica armenia por completo, su esposa chambonea el idioma chino, los oligarcas leales buscan nuevas oportunidades para la importación de Azerbaiyán, y la oposición parlamentaria y gran parte de la extraparlamentaria expresa una profunda preocupación por lo que ocurre, las personas sensatas y patriotas, naturalmente, intentan proponer a los armenios y a Armenia un nuevo camino.

Sin embargo, para hablar de posibles trayectorias de cambio, primero es necesario constatar lo siguiente: Armenia no es ni “parlamentaria” ni una “república”, sino una entidad feudal-clánica.

Por amarga experiencia, estamos convencidos de que en el sistema “político” completamente torcido de la Tercera República los cambios desde dentro son simplemente imposibles. Después del cambio de poder en 2018 no se redujo la malversación de fondos, no se frenó la emigración, no desaparecieron los oligarcas omnipotentes, no se establecieron las mejores condiciones para las pymes, no se detuvo la construcción masiva que daña el medio ambiente, ni se mejoró el sistema educativo.

Las “elecciones” de 2021, que siguieron a la derrota catastrófica para el Mundo armenio en la Guerra y a la pérdida del control efectivo bajo Artsaj, nos dieron una idea más que clara de lo que cabe esperar de las “elecciones” de 2026.

En el parlamento se eligieron exactamente tres fuerzas directamente responsables de aquel desenlace trágico. Solo faltaba Levón Ter-Petrosián, quien comenzó el declive de la Tercera República y el despilfarro de las ventajas que brindó la liberación de Artsaj.

El “traje” constitucional tejido por Serzh Sargsián garantiza a los partidos que tienen acceso al recurso administrativo la posibilidad de formar el Gabinete sin lograr la mayoría verdadera de votos. El sátrapa turco, por su parte, no solo posee las facultades amplias según la Constitución actual y controla a los funcionarios en estado vulnerable, sino también dirige todo el aparato represivo. El último le da la posibilidad de no solo arrestar a figuras incómodas, sino también impedir la constitución de partidos políticos indeseables. Si a esto le sumamos la propaganda intensa de los últimos años, las barreras electorales altas, los depósitos de voto elevados, la estricta regulación de las finanzas partidarias para los competidores, comprenderemos que todo apunta a que los resultados de 2026 no serán menos lamentables que los de 2021.

No sorprende que, en ausencia de un discurso político sustantivo y de oportunidades reales para los partidos pequeños, en el 99,9 % de los casos los partidos y movimientos políticos en Armenia estén tutelados por centros de poder externos y por el gran capital, a su vez también involucrado en redes de influencia. Porque no controlan el aparato represivo y no disponen de las suficientes finanzas, las fuerzas verdaderamente “nuevas” simplemente no pueden competir con las autoridades actuales y los “antiguos”. Esto resulta en una gran cantidad de competidores sin perspectivas, cuyos escasos votos se distribuirán a favor del vencedor, es decir, el “Contrato Civil”. En el mejor de los casos, los liliputienses políticos no aportan nada útil para el país, trabajando para los donantes foráneos o simplemente calentando las sillas. En el peor, perjudican, apoyando una agenda antinacional y vendiendo su lealtad política y sus votos. Este tipo de avería lo vimos tras las elecciones al Consejo Municipal de Ereván en 2023: los partidos “República” y “Voz Pública” apoyaron la candidatura de Tigran Avinián, mientras que el exalcalde Hayk Marutián simplemente no asistió a las sesiones del Consejo y fue privado de su mandato.

Al negarnos a acudir a las urnas, boicoteamos un sistema que no tiene absolutamente nada que ver con Armenia ni con los intereses armenios.

Entonces, ¿qué deben hacer quienes no quieren convertirse en cómplices de esta farsa? Para empezar, cabe comprender que las elecciones como institución de cambio de poder no existen en Armenia desde 1996.

El deseo de utilizar “nuestra papeleta” para que no sea llenada por otros es, por supuesto, comprensible. Muchos, teniendo buenas intenciones, incluso pueden inscribirse como observadores electorales y controlar personalmente que cada votante recibe una papeleta que le corresponde y vote una sola vez. Sin embargo, hay que entender dos cosas. En primer lugar, las irregularidades denunciadas no les dejaron cortados a los observadores internacionales en 2021. En segundo lugar, las principales violaciones, incluso en las autocracias, hoy en día ocurren antes de las elecciones:

a) no se permite inscribirse como candidato,
b) desacreditan a los oponentes en los medios de comunicación,
c) hacen el autobombo a expensas del presupuesto,

(Por ejemplo, algunas escuelas infantiles se inauguran por segunda vez. En la noche de Año Nuevo los armenios contemplaban en el cielo de Ereván los gestos de Pashinián ejecutados por drones.)

d) no se ofrece la cobertura igual en la televisión pública,
e) las autoridades eluden las normas sobre financiación de partidos (recordemos cómo en 2023 ciudadanos comunes descubrieron que en su nombre se habían efectuado donaciones al “Contrato Civil”), etcétera.

De este modo, al fijar solo infracciones mayoritariamente técnicas, no solo no aportaréis ningún beneficio, sino que además reconoceréis como legítimas las reglas del juego bajo las cuales se celebran las “elecciones”.

Además, es evidente que las elecciones verdaderas son imposibles donde no existen partidos verdaderos. Durante todos estos años vimos una lucha entre programas y metas, sino entre políticos oportunistas que cada vez cambiaron de chaqueta. Independientemente de los resultados de las “elecciones”, las personas dentro del sistema, ya sean los “antiguos” o las autoridades actuales, de una forma u otra llegaban a acuerdos entre sí, y no observábamos cambios radicales. Armenia rechazó sistemáticamente el concepto de “Miatsum”, es la reunificación con Artsaj, alternando y combinando metrópoli y patrones. Pashinián no cambió la constitución adoptada por Serzh Sargsián, rompiendo sus promesas. Robert Kocharián privó a los ciudadanos del derecho a votar desde el extranjero, y Pashinián está contento de eso. La gestión pública sigue siendo corrupta, ineficaz y no responsable. Solo cambian las caras, y aun así ellas regresan, al fin y al cabo.

En tal entidad feudal-clánica puede construirse un parlamento, pero la cultura del parlamentarismo no puede desarrollarse. No hay partidos ni manifiestos, solo “Levón”, “Rob”, “Serzh” y “Nikol”.

Entonces, ¿para qué necesita Armenia las elecciones, aparte de simular la categoría de Estado y la democracia? En ausencia de frenos y contrapesos, de instituciones de responsabilidad y de reputación, las “elecciones” son el único canal de retroalimentación entre el poder y la sociedad. En las encuestas, el sátrapa turco y sus patrones ven que alrededor de dos tercios de la población de Armenia, con toda justicia, no confía en ninguna fuerza “política”.En las redes sociales, en cambio, ven multitudes de sus propios falsos perfiles, bots y trolls, que vociferan en ese silencio fúnebre y resignado. Por supuesto, la imagen de Facebook e Instagram, donde usuarios rusos reaccionan con entusiasmo a los vídeos musicales del sátrapa, agrada mucho más al periodista de baja estofa. Sus jóvenes jenízaros ajustarán la “realidad” en las elecciones base a tal imágen.

Y aquí es fundamental comprender otra cosa más. Por desgracia, el “Contrato Civil” cuenta en mayor o menor medida con el apoyo de hasta el 20 % de los habitantes de Armenia y, según las encuestas actuales, no existe ninguna otra fuerza capaz de competir. La victoria de los jóvenes jenízaros en las elecciones escenificadas por ellos mismos, con observadores que representan la “sociedad civil” de bolsillo, no genera ninguna duda. Llamar a votar por “partidos” que los siguen a distancia tampoco nos lo permitirán la conciencia ni el sentido común. Reelegir a los padres políticos de Pashinián equivale a admitir que 35 años no nos han enseñado absolutamente nada.

Entonces, ¿qué necesita el gobernante para no quitarse los lentes rojos de su propia metarrealidad y seguir sirviendo fielmente a sus patrones turcos? Se necesitan dos cosas: la apariencia de legitimidad y la posibilidad efectiva de seguir sirviendo.

La apariencia de legitimidad de la colonización turca se garantizará precisamente mediante la participación, ya que de ese modo la liquidación de la estatalidad armenia se diluirá entre el mayor número posible de ciudadanos de Armenia, y no recaerá sobre los colaboracionistas atrincherados en el gobierno.

Lo hemos observado más de una vez: el sátrapa turco y sus jóvenes jenízaros justifican constantemente sus fracasos afirmando que “el pueblo no es adecuado”. En 2021, su manifiesto incluyó la liberación de Shushí y Hadrút. En 2023, los armenios de Artsaj resultaron culpables de haber sido deportados de los restos de Artsaj. La capitulación incondicional, para la cual en 2021 casi nadie dio un “mandato”, hoy se presenta como la expresión de la “voluntad popular”. ¿Valía la pena ir a votar incluso en contra, para que hoy los diputados “opositores” también legitimen con su presencia la venta de Armenia y de los símbolos armenios? La pregunta es retórica.

Así pues, nuestra participación en las elecciones solo conduce a que nos convirtamos en cómplices de los fracasos de las autoridades actuales y de la “oposición”. El hecho de que en el “parlamento” tuviéramos tanto a unos como a otros no detuvo la ocupación progresiva de Armenia. Los armenios no dejaron de perder sus hogares y pastos. Los habitantes de Artsaj no conservaron su patria ni recibieron un apoyo digno en Madre Armenia.

El sindicato del poder y la “oposición” capturó el Estado armenio. Es imposible vencerlos jugando según sus reglas.

Para nosotros, la única forma de mostrar que este zoológico compuesto de los animales de la Tercera República no nos representa como la nación es negarnos a acudir a las urnas y no asistir a su próxima inauguración solemne el día de las elecciones en el verano de 2026.

Si solo el 10 % de los votantes armenios participan en las elecciones, será imposible hacer caso omiso de nosotros.

Solo así estallará su burbuja, solo así todos verán por fin que el Rey está desnudo. Solo entonces nadie podrá hacer planes a largo plazo para el exterminio del Estado armenio con él.

Leave a comment