Genocidio armenio

Sobre principales lecciones que hemos de aprender del Genocidio armenio (1915–1923) en el Imperio otomano y Turquía.

República Armenia
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Causas clave

La ausencia de aristocracia nacional como institución capaz de vaticinar cataclismos políticos y de preparar una estrategia eficaz para proteger a su pueblo y su herencia civilizatoria. Al estallar la Primera Guerra Mundial, las fuerzas de cambio armenias personificadas en algunos individuos y agrupaciones se dispersaron por todo el mundo y carecían de una piedra angular, es decir, una ideología nacional unida, de metas claras y de una hoja de ruta para alcanzarlas.
La carencia de fundamento nacional propio condujo a que las fuerzas de cambio armenias no estuvieran preparadas para los cambios geopolíticos globales, convirtiéndose en una herramienta conveniente en manos de ciertas potencias para efectuar su política a sangre fría. En consecuencia, la ciega mayoría popular cayó en la trampa de un enemigo que, sin enfrentar consecuencias geopolíticas significativas, exterminó a 1,5 millones de armenios y comenzó la destrucción del patrimonio religioso y cultural milenario de la civilización armenia.

La falta absoluta de autorreflexión por parte de los intelectuales armenios. Los llamados intelectuales armenios del Imperio otomano y de la Turquía postimperial temprana creían sinceramente que los gobernantes turcos valoraban mucho a los armenios y estaban dispuestos a otorgarles varias libertades y privilegios por haber demostrado su “lealtad”. Resultó que el Genocidio se inició con la masacra de tales intelectuales, que ni siquiera sospechaban que eran una blanco potencial. Esto ocurrió a pesar de un jalón reciente, es decir, las masacres de masas bajo el sultán Abdülhamid II que sucedieron en 1894–1896, cuando muchos intelectuales armenios también fueron asesinados o arrestados. Ninguna lección fue aprendida, lo que llevó a los acontecimientos de 1915–1923.

La creencia en un salvador externo. Los intelectuales armenios en todos los barrios del mundo desde el Imperio ruso hasta las monarquías europeas creyeron que los estados donde vivieron potencialmente salvarían el pueblo armenio y se comportarían como únicos salvadores de los armenios capaces de restablecer Armenia independiente. Durante siglos, varios centros geopolíticos formaron la agenda armenia, mientras las élites armenias locales fueron utilizadas como grupos de cabildeo y meros propagandistas de tal agenda. El mensaje que todos esos centros transmitieron fue el mismo: “Sólo nosotros podemos salvar a los armenios y a Armenia”. Las aristocracias políticas de los estados hechos y derechos, a través de intelectuales armenios creados artificialmente, alentaron al pueblo armenio que su salvación y prosperidad no dependían en absoluto de sí mismo por no poder efectuar nada por sí solos. En consecuencia, la ruptura entre los armenios se agravó, ellos sintieron su incapacidad de preparar su agenda por sí mismos, mientras que el futuro parecía posible solamente en la perspectiva de salvador externo. Lo único que los intelectuales armenios tuvieron en común por todo el mundo fue su fe en un salvador externo y dependencia de él.

Consecuencias fundamentales

El proyecto nacional turco fue erigido sobre las ruinas de la comunidad armenia, su historia y su herencia. Tras la desintegración del Imperio otomano, los turcos también quedaron bajo la mira geopolítica de las grandes potencias. Se trata de la Cuestión oriental y luego la Cuestión turca. A diferencia de los armenios, los turcos lograron recuperar la razón abandonado todas ilusiones sobre potencias foráneas y movilizar sus fuerzas de cambio muy pobres encabezadas por Mustafá Kemal Atatürk, quien asumió la responsabilidad por el destino de su pueblo y de su país que estaba al borde de la desaparición. El lema “lo común es más importante que lo personal” le permitió a Kemal desarrollar una estrategia holística y una visión del futuro para los turcos como nación política y de la República de Turquía modernizada identificando su propio papel en un mundo cambiante. Aprovechando la descoordinación, la ingenuidad, la mezquindad y la parcialidad de las élites armenias, Atatürk logró devaluar el proyecto de Armenia independiente, o sea, la Armenia wilsoniana, explotando hábilmente la confrontación geopolítica entre europeos y norteamericanos, por un lado, y entre europeos y el liderazgo bolchevique, por el otro. En consecuencia, la República de Turquía, reconocida por las grandes potencias, avanzó, mientras la Primera República de Armenia, sacrificada como parte perdedora, desapareció.

Lecciones no aprendidas: la colonización del Spyurq (la Diáspora) y de la agenda armenia. La mayoría de los pensadores y luchadores armenios se encontró en el exilio, formando asociaciones separadas con ideologías limitadas. Los partidos tradicionales Tashnagtsutiun, Ramgavar y Hnchak, en lugar de reunirse, se lanzaron a competir por las mentes, los corazones y los recursos de los armenios que habían encontrado refugio en el extranjero.
Los millones de compatriotas asesinados, la herencia perdida y la soberanía destruida no impulsaron ni siquiera a grandes figuras como Boghos Nubar Pashá, Andranik Ozanián, Karekin Nzhdeh, Drastamat Kanaián o Shahán Natalie a reconocer los errores, superar la discordia y dedicarse a la única tarea verdaderamente necesaria, es decir, la formación de aristocracia, agenda y estrategia nacionales. Desde el punto de vista del realismo político puro, las fuerzas de cambio armenia se fracasaron absolutamente y volvieron a hacerse una herramienta para las fuerzas externas, que siguieron formando la agenda armenia conveniente para sí mismas. En lugar de establecer una diáspora política unida como hicieron los judíos y los irlandeses en la misma época, surgieron comunidades colonizadas, que actuaron en interés ajeno. Tal equilibrio fue cómodo para Turquía, en gran medida, ya que su principal meta como Estado fue impedir la creación de un factor armenio autónomo y autosuficiente o la aristocracia nacional armenia.

Otra oportunidad perdida. Los resultados de la Segunda Guerra Mundial abrieron la posibilidad de revisar el statu quo formulado por el Tratado de Versalles tras la Primera Guerra Mundial. La República de Turquía fue aliada de la Alemania nazi y en el transcurso de la guerra brindó apoyo material al Tercer Reich, además de permitir el uso de su territorio para efectuar las acciones de inteligencia a gran escala. Turquía también incrementó su presencia militar en la frontera con la Armenia soviética, esperando el momento oportuno para invadir la URSS. Los altos funcionarios de la Wehrmacht entrenaban a oficiales del ejército turco, mientras ciertas formaciones étnicas que sirvieron en la Fuerza de Defensa alemana recibían entrenamiento y tratamiento médico en ciudades turcas. El Kremlin, la Casa Blanca y el Downing Street estaban bien informados sobre el papel “silencioso pero activo” de la República de Turquía, un producto del Tratado de Versalles. Tras la derrota del Tercer Reich, la Unión Soviética estaba determinada a revisar las fronteras del Oriente Cercano establecidas después de la Primera Guerra Mundial. La ausencia de élite nacional armenia y, respectivamente, de estrategia y agenda nacionales que pudiera beneficiarse de tal coyuntura geopolítica, como lo había hecho Atatürk en la Primera Guerra Mundial, permitió a los turcos no sólo salir ilesos, sino convertirse en el miembro de la OTAN, el mayor sistema de seguridad en la historia humana.

Las lecciones no aprendidas sobre las causas del Genocidio y la falta de meditación sobre sus consecuencias crearon los requisitos para su continuación.

Los armenios no pudieron comprender el sentido de nuestra independencia y la responsabilidad por ella. El establecimiento de la República de Armenia independiente y la liberación de Artsaj deberían dar un impulso a los “Padres fundadores” de la Tercera República y a las figuras clave del Mundo armenio. Tuvo que efectuar un análisis conceptual de su pasado y dedicarse a la creación de aristocracia nacional. Desde el inicio era evidente que una pequeña república, sin recursos naturales ricos y rodeada por Turquía, un estado hecho y derecho, y Azerbaiyán, su progenie, que históricamente habían sido nuestros enemigos históricos, tenía a su disposición sólo el recurso humano. Sin embargo, para utilizar tal recurso para el interés armenio, fue crucial determinarlo, o sea, llevar a cabo el inventario del potencial armenio global, lo sistematizar e integrar. En la práctica, en lugar de instituir el Estado y la Nación, se formó un sistema feudal-clánico que se puso de acuerdo con varios aliados circunstanciales dentro de las comunidades armenias. En consecuencia, presenciamos la degradación absoluta. Llegaron feudales en lugar de estadistas, mercachifles en lugar de burguesía nacional. Contamos con burócratas de tamaño mediano y pequeño y carecemos de instituciones. Quedaron el territorio y la población, y no se formaron la soberanía y la Nación.

La colonización turco-azerbaiyana de Armenia. Tras décadas de degradación e inacción, Armenia se convirtió en un ámbito cómodo para servicios de inteligencia extranjeros, cientos de organizaciones sin fines de lucro (o OSFL) y sectas. Nada cambió desde el Genocidio armenio, porque varios grupos externos y sus agentes formaron sentidos y narrativas, es decir, la agenda nacional, mientras que los feudales en Armenia, para conservar su poder y bienes materiales, implementaron una hoja de ruta formulada en el extranjero. En consecuencia, el sistema feudal perverso colapsó, y el régimen colaboracionista proturco encabezado por Nikol Pashinián, un amarillista, y su equipo, compuesto por la gente que vino de las OSFL parciales y sectas, se estableció en Armenia. Artsaj fue entregado, su población armenia fue desplazado, y se tomó el rumbo hacia el borrado de la identidad armenia (especialmente su componente espiritual representado por la Iglesia), de la historia armenia (en particular la del Genocidio) y de la soberanía armenia (incluidos la corrupción de nuestros significados, la falta de responsabilidad y autosuficiencia).

Conclusión

La conclusión es simple: los armenios aún no han meditado ni reconocido plenamente el Genocidio Armenio de 1915-1923. Reconocer y asumir la responsabilidad por las causas y consecuencias del Genocidio determinará la rehabilitación gradual, garantizará la entrega de ilusiones centenarias y nos dará oportunidad de crear y no sobrevivir.

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