Escribimos sin parar sobre cómo la Tercera República, sin mayor esfuerzo, sometió a las comunidades armenias, impidiéndoles poner en práctica su potencial intelectual, humano y de efectuar el cabildeo para establecer un Estado armenio hecho y derecho y de verdad independiente. En efecto, los llamados líderes comunitarios, que no representaban a sus comunidades, se enlazaron con la cúpula de Armenia igualmente ilegítima. Las personalidades que tuvieron potencial para facilitar la creación de un Estado verdadero prefirieron optar por las donaciones, luego decepcionarse y/o delegar a la dirigencia abiertamente antinacional la potestad de construir el Estado y la Nación. Se limitaron a implementar proyectos sociales y humanitarios a cambio del agradecimiento mostrado por la cúpula.
En este contexto, no hay nada sorprendente en que los partidos Tashnagtsutiun, Hnchak, Ramgavar que sembraron discordia entre nuestras comunidades continuaron su competencia en el ámbito de la lucha por el favor de las autoridades en Ereván. Se vendieron a la cúpula de Armenia sin obtener a cambio ninguna influencia política real, sino apenas un lugar dentro del sistema feudal-oligárquico. Tampoco sorprende que esta tendencia continúe bajo Nikol Pashinián, a quien estrechan la mano personas que, de quererlo, podrían incluso obtener a su toda corrupta “familia” como algún ganado (recordemos que el matrimonio de Nikol Pashinián y Anna Hakobián, los jefes turcos, no está inscribido ni por la Iglesia armenia ni por el Estado armenio). Tampoco sorprende que Pashinián logre reunir respaldo de las estructuras comunitarias que se oponen a otras organizaciones, por instancia, a los Tashnags vinculados con Robert Kocharián. Entre las primeras se destacan, en particular, la Asamblea Armenia de América y el Fondo Armenio de Francia. Sin embargo, no se trata de entidades concretas, sino de un fenómeno que analizaremos sólo parcialmente a través de estos ejemplos.
Así, la agencia de noticias Armenpress, que es propiedad exclusiva de la República de Armenia y fundada en tiempos de la Primera República, informa que el sátrapa turco se entrevistó con uno de los miembros de la junta directiva del Fondo Armenio de Francia, establecido en 1993. ¿Qué considera el corresponsal de la Armenpress la información más importante para los ciudadanos de Armenia, verdaderos propietarios de tal agencia de información, y qué, al parecer, se ha convertido ahora en parte del protocolo de las reuniones que el premier armenio tiene? Sí, el “apoyo a la ideología de la ‘Armenia Real’”. Pues bien, es necesario viajar a Azerbaiyán para expresar el respaldo a la “integridad territorial” de la entidad terrorista azerí. Dado que estos constructos míticos son iguales, Pashinián bien podría refundir la “lista negra de Azerbaiyán” como la lista de personas non gratas de Armenia, y viceversa. Aun así, habrá al menos personas ingenuas que esto malentenderán y seguirán intentando entrar en la “lista blanca” del primer ministro armenio, como por ejemplo Murad Papazián de Francia o Samvel Karapetián de Rusia. Como vemos, aunque la implementación de la “Encrucijada de paz” se haya detenido, la “integración” de Armenia en Azerbaiyán avanza a toda velocidad, no solo en lo territorial, político y económico, sino también en lo cultural. En el pasado los “líderes” comunitarios no cayeron tan bajo para expresar públicamente su respaldo en papel y ante las cámaras al estilo del despotismo oriental que encarna Azerbaiyán a las ideologías falsas que niegan la existencia de las comunidades armenias.
Pero incluso esto no es lo peor. Aun en ausencia de la independencia armenia, tanto Moscú como Washington intentaban “encontrar puntos en común” con las comunidades armenias. Durante la Guerra Fría, el Mundo armenio fue un activo enormemente valorado. Se desató la lucha feroz por los corazones y mentes armenios, lo que permitió a Armenia garantizar al menos la aquiescencia tácita de los principales actores en el transcurso de la liberación de Artsaj. Hoy, la Tercera República junto con el Mundo armenio debían y podían apoyarse mutuamente, fortaleciéndose. En vez de eso el Mundo armenio está más fragmentado y desmoralizado que nunca, promoviendo los intereses de los gobernantes foráneos en Ereván con gusto sin demandar nada a cambio para sus comunidades y su pueblo.
A medida que la colonización turca de Armenia continúa formalizando, las autoridades se comprometen a presentar a los nuevos patrones su activo más codiciado en bandeja de plata, es decir, el Mundo armenio. Durante siglos Turquía soñó con desvalorizar tal activo armenio. Se trata de las personas y fuerzas que infundieron temor a los turcos, que orquestaron la aprobación de sanciones contra Turquía y Azerbaiyán, y que constituían un factor que Turquía debía tener en cuenta al establecer sus relaciones con los líderes globales. Se trata también de las personas y fuerzas que han asegurado una parte significativa del bienestar armenio, y que dejarán de existir si se implementa el proyecto de la “Armenia Real”, donde no hay lugar para los armenios fuera de un trozo del Altiplano armenio sobre el que aún ondea la bandera armenia, y más aún si la soberanía armenia vuelve a desaparecer. Los descendientes de quienes sobrevivieron al Genocidio y a la deportación, que lograron preservar su identidad armenia a través de generaciones y, al mismo tiempo, hacerse ciudadanos exitosos de sus países donde vivieron, hoy participan en el juego de la imitación y el servilismo para unirse a las filas de su enemigo más feroz, es decir, el mundo turco.
Contratos, subvenciones asignadas de los fondos acumulados en su día por otros armenios, y la posibilidad de tomarse una foto con el Destripador de Armenia son la única motivación de quienes seguirán participando en esta farsa sucia. Cada uno pensará que, si no lo obtiene él, lo hará otra persona con un apellido semejante de origen armenio. Y cada uno, si es necesario, creará otra cuasi-estructura “proarmenia” para alcanzar estos fines, sin escatimar esfuerzos ni tiempo en su complicidad para el desmantelamiento de la soberanía y la identidad armenias. Sus descendientes no le preguntarán si se arrepiente de su pecado, porque ya ni siquiera sabrán qué son los armenios ni qué es Armenia.
El Mundo armenio se enfrenta a un dilema existencial. O se convertirá en una red de grupos de presión coloniales que promuevan los intereses de la “Armenia Real”, es decir, de sus patrones turcos (oh, cuánto habrían estado dispuestos a pagar antes no por el servicio, sino al menos por el silencio armenio). O bien elegirá, por fin, a quienes sean dignos de representar el pueblo armenio, que luego formará la aristocracia nacional y la nación política transnacional capaces de formular las metas nacionales y llevar a cabo todo lo necesario para alcanzarlas sin intermediarios, discutiendo de igual a igual con los poderosos del mundo. Ellos podrán establecer la nación para la cual Armenia sea el centro de sus propios intereses, y no una ”encrucijada” de intereses foráneos.
Los gobernadores turcos comprenden el valor y el potencial de nuestras comunidades globales, pero ¿lo comprendemos nosotros, antes de que sea demasiado tarde?
