Durante el último mes hemos sido testigos de innumerables revelaciones por parte de Nikol Pashá, quien encabeza el Gabinete colaboracionista turco en Ereván. Tras desbarbarse, anunció a sus votantes principales que la paz venidera y largamente esperada está en peligro. Se trata de la Declaración de Independencia armenia. El mandatario azerí Ilham Alíyev y el presidente de Turquía Recep Tayyip Erdoğan, los dos principales amparadores de Pashinián, desde hace tiempo han disgustado este acto fundamental, que proclama la constitución de un Estado armenio independiente y los principios que definen sus valores básicos. Ellos entienden que hay que llevar a cabo la eliminación formal política de lo que quedó de la Tercera República.
Pashinián cuenta a la opinión pública armenia fábulas turcas sobre que la Declaración vigente contiene demandas territoriales que la Armenia Belicosa plantea contra sus vecinos “pacíficos”. Los colaboracionistas turcos intentan convencernos de que la Armenia Belicosa fue establecida por nacionalistas insensatos que robaron el futuro despreocupado y próspero de nuestros hijos. Según los colaboracionistas, habrá otro futuro que podrían garantizar los manats azerbaiyanos. Ha llegado el momento de deshacerse de la Armenia Belicosa y erigir la “Armenia Real”.
En realidad, la Declaración de Independencia es un acto que refleja los principios fundamentales según los cuales se lleva a cabo la construcción nacional y estatal. En nuestro caso se trata de tres pilares principales: la liberación de Artsaj, la memoria histórica del Genocidio armenio de 1915-1923 y el papel dirigente de la Iglesia apostólica armenia en la garantía de la seguridad espiritual del pueblo armenio. El liderazgo turco-azerbaiyano, a diferencia de toda la cúpula de la Tercera República, está al tanto del potencial colectivo armenio. En el período 1988-1994, el mundo turco (especialmente Azerbaiyán) se enfrentó cara a cara con el Mundo armenio parcialmente movilizado. El resultado de tal confrontación es bien conocido. La derrota de los turcos representados por Azerbaiyán fue tan dolorosa que se convirtió en la base de su identidad en el futuro. El odio animal hacia los armenios y todo lo armenio llegó a ser el núcleo de la ideología estatal azerí, mientras que la destrucción de Armenia se hizo la meta de la existencia geopolítica azerbaiyana.
La prueba más evidente de tal sentimiento fue la glorificación de Ramil Safarov, quien en el transcurso de los ejercicios Asociación para la Paz organizados en el marco de la OTAN en Hungría decapitó con un hacha al militar armenio Gurgen Margarián quien dormía. Este caso tuvo gran importancia no sólo para los azerbaiyanos, sino también para toda la comunidad internacional. Armenia y la Diáspora, es decir las comunidades armenias, tuvieron que demostrar a Bakú, Ankara y otras capitales nuestras fuerza, determinación y capacidades. Sin embargo, Safarov no sólo vivió hasta el juicio, sino que permaneció cómodamente en la prisión húngara, sin temer por su vida, ordenando comida de restaurantes y disfrutando de televisión por satélite. Ya entonces Alíyev comprendió que los armenios no eran tan omnipotentes si no pudieron proteger el honor y la dignidad de un militar de nuestras Fuerzas Armadas, los garantes del Estado armenio. Imagínese si algún militar extranjero, durante los ejercicios, hubiera asesinado a un oficial del ejército israelí dormido por su origen judío. Estamos más que seguros de que Israel no habría permitido siquiera que el caso llegara a juicio o, como mínimo, no habría permitido que el asesino permaneciera tranquilamente en prisión.
Al ver la ausencia de reacción por parte del Mundo armenio, Alíyev fue más allá. En 2012 compró la libertad para su militar, condenado por asesinato a sangre fría, al gobierno húngaro. Los magiares declararon que Safarov tuvo que ser extraditado a Azerbaiyán. De este modo, Ramil Safarov cumplió menos de seis años de su condena a cadena perpetua. El antiguo mandatario armenio Serzh Sargsián no pudo hacer nada más que desempeñar el papel de Heinrich Müller, un personaje desde un serial soviético 17 Instantes de una Primavera, ante las cámaras de manera poco convincente, dirigiéndose a Gorik Hakobián, el antiguo director del Servicio de seguridad nacional, al estilo de Heinrich Müller, quien solía decir “Stirlitz, le ruego que se quede un momento”.
Toda esta impotencia se mostró en contraste con la celebración nacional en Bakú, donde Safarov fue recibido con todos los honores. Ni Armenia, ni la Diáspora, ni el grupo de cabildeo armenio pudieron emprender medidas ni contra Azerbaiyán ni contra el corrupto Gobierno húngaro encabezado por el turcófilo Viktor Orbán. Lo único que lograron fue suspender las relaciones diplomáticas con Hungría y cobrar 15,413 libras esterlinas de Azerbayán como costas judiciales a favor de la parte perjudicada. Cabe subrayar que Nikol Pashinián reanudó las relaciones diplomáticas entre Ereván y Budapest en 2022. La parte húngara no lamentó ni ofreció disculpas en lo que atañe a la extradición de Safarov.
El 31 de agosto de 2012, en el día de la extradición de Safarov, Ilham Alíyev se percató definitivamente de que el Mundo armenio, movilizado y aterrador, que hace poco había combatido en las afueras de Bakú, amenazando con destruir Azerbaiyán, deterioró hasta el nivel de un diletante en el abanico internacional. Esta degradación fue observada en tiempo real por toda la comunidad internacional, que sacó sus propias conclusiones.
En abril de 2016, Azerbaiyán embistió una vez más. La Guerra de Abril fue una agresión militar contra Artsaj y, en consecuencia, fue una violación de un principio básico en lo que se refiere a las conversaciones diplomáticas, es decir, la prohibición del uso de la fuerza. En aquel momento histórico, Armenia, el garante de la seguridad de Artsaj, tenía todas las razones para reconocer Alto Karabaj oficialmente. Sin embargo, la administración Sargsián cometió una falta estratégicamente fatal. Iniciaron las discusiones sobre el reconocimiento de Artsaj, pero no llevaron el procedimiento hasta el fin, creyendo las promesas hechas por los intermediarios internacionales de que Azerbaiyán sería castigado y que una nueva guerra no ocurriría. Resultó que Bakú volvió a salir ileso. Es más, en 2016 el mayor Safarov, quien participó en la guerra contra Artsaj, fue ascendido al rango de teniente coronel.
Los acontecimientos posteriores desde el “Golpe de Terciopelo” y la vergonzosa entrega de Artsaj hasta la reelección de Nikol Pashinián, el traidor a la Patria, y el posterior desplazamiento de los armenios de Artsaj nos permiten diagnosticar la inmunodeficiencia nacional sin falta. Pero no hay que temer este diagnóstico. Al contrario, hay que aceptarlo y comenzar la corrección de errores sistemática. El camino será largo, peligroso y arduo.
Nikol Pashá, que deliberadamente sigue echando por tierra los pilares de la identidad armenia, se prepara para renovar su mandato. Con un alto grado de probabilidad, ya a comienzos del año 2026 él convocará elecciones extraordinarias. Lo indican indirectamente las purgas entre los funcionarios públicos así como la reorganización política que ya han comenzado. En caso de una nueva victoria, lanzará el proceso de revisión de la Declaración de Independencia y de la Constitución. Teniendo en cuenta su cobardía extrema, puede suponerse que efectuará estas medidas a manos de algunos de sus ambiciosos subordinados. Se trata de la alta traición verdadera. Los candidatos más probables son Ararat Mirzoián y Alen Simonián, los jóvenes jenízaros, que sirven fielmente al sátrapa turco. Tras enmendar la Declaración, Pashinián emprenderá la revisión total de la Ley Básica. En nuestra opinión, es bastante posible que él introduzca la república semiparlamentaria en vez de la parlamentaria, lo que implica el fortalecimiento del instituto presidencial. Ahora el mandatario armenio casi no tiene facultades. Después de que un gerente temporal colocado de los jóvenes jenízaros finalice todo el trabajo sucio, a Pashinián se le ofrecerá el cargo de presidente de un nuevo país, es decir, la “Armenia Real”. Es vanidoso y, por haber sido el primer premier de la “Armenia de Terciopelo”, no perderá la oportunidad de convertirse en el primer mandatario de la “Armenia Real”.
Será una colonia turca jurídicamente formalizada, en la que la historia milenaria del pueblo armenio será puesta a cero, y sobre sus ruinas se creará una nueva historia de Armenia colonizada, donde la memoria del Genocidio de 1915 será declarada un anacronismo histórico. No habrá recuerdos de la operación Némesis, a los armenios de Artsaj les reconocerán cómplices de terceros países y culpables de la guerra con el pacífico Azerbaiyán, mientras los héroes liberadores Vazgen Sargsián, Monte Melkonián, Leonid Azgaldián y otros serán presentados como bárbaros y terroristas. Las nuevas generaciones se titularán en Estambul y Bakú a expensas de becas turcas públicas, y la empresa petrolera azerbaiyana SOCAR convocará becas para los armenios que se hagan los cuadros prometedores para la nueva “Armenia Real”. Con el paso del tiempo, cambiará el panorama religioso y demográfico del país y, como resultado, la identidad armenia desaparecerá, diluyéndose en el mundo turco.
Tales son la “paz” y el “futuro” a los que nos enfrentemos si no empezamos a combatir ahora. La batalla por la preservación y la inviolabilidad de la Declaración de Independencia será una de las más importantes en lo que concierne a la lucha por Armenia. No se puede permitir que los colaboracionistas turcos pisoteen las banderas de nuestros antecesores.
