Narek Karapetián, el cabecilla del movimiento A Nuestra Manera, no encontró una mejor manera de pasar la noche del viernes que charlar amablemente con Petros Ghazarián, el principal perro de presa del sátrapa turco.
¿Qué fue lo que Karapetián (no) hizo y (no) dijo para confirmar nuestras tesis y sospechas previas de que su movimiento no está interesado ni en la restauración de la soberanía armenia ni siquiera en ganar las “elecciones”, sino que únicamente legitima el poder de los colaboracionistas turcos y sus próximas medidas?
Primero, apareció en la Televisión Pública de Armenia (El Primer Canal), la principal tribuna propagandista del poder actual, algo que tampoco la actual “oposición” parlamentaria tuvo reparos para hacer. Al referirse a la canalla que, sin pudor alguno, tergiversaba la historia y los valores armenios en nombre del poder de su actual patrón, Karapetián no escatimó en llamar a Ghazarián “señor”. Es evidente que el movimiento A Nuestra Manera anunció su deseo de formar la segunda mayor facción en el Parlamento, otra plataforma propagandista para el sátrapa turco.
Para convencerse de que “Armenia Fuerte a nuestra manera” se integra con alegría en el sistema perverso de la Tercera República en lugar de intentar restablecerlo, la primera conclusión sería suficiente. Sin embargo, Narek Karapetián decidió no perder el tiempo en nimiedades y ofrecernos de inmediato todas las pruebas necesarias.
Así, en segundo lugar, no le disgusta en absoluto el statu quo en lo que se refiere a la política exterior e interior. Su única “novación” en lo que concierne a la así llamada “Ruta Trump” consiste en atraer al mayor número posible de “inversores”, y esto en un momento en que el mini-sultán azerbaiyano ya sostiene las conversaciones en Davos con futuros condueños estadounidenses de la Ruta. Por supuesto, el principal garante de todo en la Armenia Fuerte establecida por los Karapetián es la Organización del Tratado de Seguridad Colectiva (o OTSC, léase: Rusia). El “líder fuerte” que nos prometen seleccionar y que aunque no nos han presentado se le necesita a Armenia únicamente para “convencer a la OTSC de ejercer presión a Azerbaiyán”. Al parecer, todas las veces anteriores en que vimos la pérdida de territorios y vidas humanas aunque tuvimos garantías de seguridad ofrecidas por los países extranjeros, el problema no fue la fe en el amparo foráneo, sino que para llamar a Moscú la dirigencia armenia tuvo que oprimir los botones de sus teléfonos con más fuerza y convicción. Para el movimiento A Nuestra Manera no es interesante fomentar el sistema defensivo de Armenia. Lo único que les importa es que las llamadas sin respuesta sigan dirigiéndose al Kremlin, y no a los teléfonos de otros gerentes mundiales.
Sin embargo, resultó que el partido Armenia Fuerte tampoco se opone a la cooperación con otras potencias. Karapetián prometió entablar relaciones “amistosas” con todos los países regionales, levantar refinerías de petróleo y crear cientos de miles de empleos. Utilizando esta retórica, Karapetián y su movimiento no sólo legitiman el enfoque adoptado por el sátrapa turco y la situación en que estamos debido a él, sino que además animan al Mundo armenio la sensación de normalidad. La conversación pública se desarrolla exclusivamente en las categorías y términos de la “Armenia Real”. Otros parodiadores de la pugna política tales como Arman Tatoián asumen la misma actitud. Lo hacen, como si no hubiéramos perdido la parte de la Patria histórica hace apenas un par de años, como si los armenios (¡incluido Samvel Karapetián, el tío de Narek!) no siguieran ilegal y políticamente perseguidos en Bakú y Ereván, como si el futuro de Armenia no dependiera de la preservación de su soberanía, sino de que el petróleo azerbaiyano se refine más cerca del consumidor armenio y con una sobretasa menor.
El único verbalismo más o menos ardiente entre los interlocutores giró en torno a las inversiones y los impuestos. Ambos coincidieron en que el principal desafío que Armenia ahora enfrenta es la economía. Karapetián evaluó positivamente la eficacia del Comité de ingresos públicos que se somete al Gabinete formado por los lacayos de los turcos.
Está claro que el populismo socioeconómico resulta más popular que la lucha por la preservación de la identidad y la soberanía, pero queda una pregunta: ¿a quién deben votar ahora los adeptos de Pashinián que respaldan a su “Armenia Real”? Aquí Karapetián responde seguramente que por el partido Armenia Fuerte, porque a) tendrán “un nuevo apellido y una nueva caligrafía”, b) su candidato por ahora desconocido será más fuerte, c) la época de los periodistas en la cúpula se acerca a su fin, es hora de elegir a un economista, d) su tío Samvel Karapetián sirvió en el Ejército soviético, mientras que Pashinián y muchos de sus ministros no. Aunque por edad, al igual que los hijos y sobrinos de Karapetián Sénior, les habría correspondido servir en las tropas armenias.
Es decir, la principal queja que Narek Karapetián tiene contra el sátrapa turco se reduce a que el primer no es lo suficientemente “fuerte”, aunque gracias al destino Pashinián no logró destruir el país de manera más rápida. ¿Qué hay que efectuar de manera más “fuerte” que Pashinián? ¿Mercadear con Azerbaiyán, atraer las inversiones turcas (ya que prometen inversiones, entonces, hay que llevar a cabo este propósito), despilfarrar aún más la soberanía armenia? ¿Es esta la campaña en la que vale la pena participar? ¿Se nos propone una vez más una “nueva” fuerza para que bajo el decreto de autodisolución de Armenia figure ya una nueva firma con una nueva caligrafía?
Hay que reconocer que Karapetián Júnior mencionó que una parte del territorio de la República de Armenia está ocupada por tropas enemigas. Es cierto que calificó la ocupación temporal como la anexión, es decir, que de hecho se resignó a la presencia militar azerbaiyana en nuestro terreno. Sin embargo, ¿qué se le va a hacer, si considera que hoy en día no hace falta arreglar este problema? Primero venceremos la pobreza, ¡y luego viviremos mejor! Al parecer, estamos eligiendo en 2026 al ministro de Economía, no al comandante en jefe. En lo que atañe a la seguridad se encargará Rusia. Solamente hemos de convencerla (!) de que “la anexión es inadmisible”. Se puede, como Pashinián, aferrarse a la famosa Declaración de Alma Atá que proclama la inviolabilidad de las fronteras soviéticas y alcanzar lo mismo, porque hoy Rusia se mantiene fiel a la Declaración al mismo grado que a la integridad territorial de varios estados.
Es simbólico que, un día después, saltase el partido ruso Gente Nueva en defensa de Samvel Karapetián. Es un partido que desempeñó el papel de oposición dentro del sistema en las elecciones legislativas que se celebraron en Rusia en el año 2021. Narek Karapetián a su vez hizo caso omiso del asunto de su tío. Al parecer, el partido Gente Nueva se convertirá en un partido afiliado después de que Armenia Fuerte, con su “nuevo apellido” a la cabeza, repitará el deslumbrante éxito de su homólogo ruso y serpenteará hacia la Asamblea Nacional.
Una cosa está clara: si en Armenia sigue reproduciéndose el sistema fervientemente apoyado por los Karapetián, los empleos que prometen crear no serán necesarios para los armenios. Agradezcamos al movimiento A Nuestra Manera, reconvertido en el partido Armenia Fuerte, por no intentar siquiera engañarnos ni darnos una falsa esperanza de salvación próxima.
El boicot al farsante espectáculo llamado “elecciones de 2026” carece de alternativa. Lo único que se puede cambiar en las urnas es la correlación interna dentro de la “oposición”, pero no el poder. Dejemos a los payasos sin público, para que no puedan magnetizarnos y no nos hagan cómplices del desmantelamiento de la soberanía armenia.
¿Quieres derrotar a los colaboracionistas turcos? Acaudíllalos!
Si en Armenia sigue reproduciéndose el sistema fervientemente apoyado por los Karapetián, los empleos que prometen crear no serán necesarios para los armenios.
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