¡Madura, lao!

Tres verdades lisas que el Mundo armenio tiene que aceptar en el año 2026.

Pensador Armenio
Pensador Armenio 241
10

El año 2025 fue un otro hito de la duradera autodestrucción de la Tercera República. No cabe resumir acontecimientos políticos en un país donde todo lo político ha sido destruido de raíz. Esto es el primer hecho que debemos aceptar urgentemente en 2026: no hemos logrado constituir la categoría de Estado, no tenemos partidos ni manifiestos políticos, no existe parlamentarismo, no hay competencia política verdadera, mientras que las elecciones no brindan la oportunidad de cambiar el poder constitucionalmente. Vergonzosamente, la Armenia Real es una entidad feudal-clánica donde los votantes solo sirven para legitimar los fracasos de sirvientes ajenos. En tales condiciones, las elecciones no pueden, por su propia naturaleza, canalizar los cambios en el ámbito político.

Aun así, tenemos que ir al grano:

  • ● el enemigo permanece dentro de Armenia y sigue fortaleciéndose;
  • ● el sátrapa turco se prepara para entregar al enemigo nuevos territorios ya de la así llamada “Armenia Real”;
  • ● Artsaj ha sido echado al olvido, las autoridades armenias han declarado cerrado el Movimiento el Karabaj, pretenden eliminar su mención de la Constitución e iniciaron la disolución del Grupo de Minsk de OSCE;
  • ● 23 rehenes armenios siguen sufriendo torturas en cárceles azerbaiyanas sin ninguna protección por parte del Estado armenio;
  • ● los armenios de Artsaj siguen siendo chivos expiatorios y continúan, en su mayoría, vivir sin hogar;
  • ● los armenios de la Diáspora siguen legitimando el poder colaboracionista de Pashinián mediante su aceptación silenciosa;
  • ● uno de los principales logros del mundo armenio, es que la Sección 907 de la Ley de Apoyo a la Libertad, está a punto de ser derogada;
  • ● Armenia sigue hundiéndose más en deudas internacionales y una dependencia total de Turquía y Azerbaiyán;
  • ● a los habitantes del pequeño fragmento que queda de Armenia Histórica les siguen engañando y dando las promesas de paz con Azerbaiyán, les llevan a cabo festivales y escaparates navideños. Nadie ofrece al pueblo armenio futuro, seguridad, dignidad, estatalidad ni legalidad.

Así pues, mientras Pashinián, para conservar su miserable poder, cumple todos los caprichos del mini-sultán azerbaiyano, construye la “Armenia Real” obligando a los niños a dibujar “las montes correctas”, compone canciones sobre la necesidad de olvidar “las patrias” en nombre del “Estado” y mancilla los muros de iglesias armenias entre los aplausos de sus siervos que corean su nombre, el mundo armenio apenas reacciona con comentarios perezosos en redes sociales o comunicados indignados. Incluso entre los defensores públicos de la Iglesia apostólica armenia hay colaboradores pasivos “a quienes la política no les incumbe”.

Todos críticos, partidarios y espectadores pasivos representan con desgana sus papeles, creando un consenso tácito: “El poder de Pashinián se instauró a largo plazo, así que hay que asegurarse un lugar en este sistema”. Pues bien, Armenia no es duradera, si Pashinián gobierna nuestro país.

Por eso, el segundo hecho que el Mundo armenio debe comprender de manera inaplazable es que nos imponen desesperación y sensación de salida cerrada para que no notemos la salida vigente. Nos imponen una Armenia diminuta y una microrregión llamada “Cáucaso sur”, infundiéndonos miedo con la amenaza vinculada con los colosos de pies de barro, es que, Turquía y Azerbaiyán. Debemos mirarnos a nosotros mismos y a nuestros vecinos sin lupa para ver el mundo más allá de las fronteras artificiales de la “Armenia Real”.

En ese gran mundo, en 2026 veremos con mayor claridad los contornos de los cambios fundamentales del orden global que vienen ocurriendo desde hace años. Quienes dibujen los nuevos mapas y rutas no sufren complejos del sátrapa turco y no construirán el nuevo mundo según los sueños de Turquía y Azerbaiyán. El problema es otro: nuestros enemigos tienen una visión de la región que pueden ofrecer a los nuevos arquitectos, mientras que el Mundo armenio solo espera que en esa visión al menos sobreviva como autonomía cultural y étnica.

Nuestro futuro seguirá siendo un misterio para nosotros mismos y un capricho del “destino” mientras no formemos la aristocracia nacional, es decir, una agrupación capaz de formular el interés nacional y situarlo por encima de los intereses privados. Su ausencia ya no amenaza con que la lista de tragedias crezca cada año, sino con que pronto no quede ninguna unidad política en el mapa para la cual sea posible siquiera concluir. Al conservar y reproducir el sistema actual (ya sea en la figura de cuatro mandatarios pasados y presentes o de la así llamada “nueva oposición”), el Mundo armenio confiesa ante el mundo su impotencia y su falta de voluntad para construir la categoría del Estado.

Si no somos capaces de asumir responsabilidad por nuestro propio futuro y confiamos en gestos de “buena voluntad” de Azerbaiyán, es lógico que los actores globales no nos vean como socios potenciales del nuevo orden. Pero antes hay que sobrevivir hasta ese nuevo orden. Como siempre, se construirá a través de tormentas y sacudidas. El virrey turco nos convence de que quizás puedan evitarse si entregamos de antemano todo lo que ellas podrían arrasar. En esa lista acabará figurando también la bandera armenia.

El tercer hecho es que las tormentas son inevitables, nadie las desviará, y cuando lleguen nos encontrarán solos. Solo la verdadera aristocracia nacional puede aceptar esa verdad y enfrentarse a la tormenta, demostrar que merecemos nuestro lugar bajo el sol y que no conviene volver a ponernos a prueba.

Los “aliados internacionales”, a quienes demostramos tan fervorosamente nuestro pacifismo y amor por los vecinos, solo llamarán a las tormentas a sentarse a la mesa de negociaciones, a respetar nuestra integridad territorial y los derechos de la población civil. Ya escuchamos eso durante las limpiezas étnicas en Artsaj, lo escuchamos ahora mientras en Bakú torturan a los rehenes armenios. Si los poderosos del mundo no quieren obligar a Azerbaiyán a resolver un problema humanitario tan elemental, ¿qué apoyo cabe esperar cuando Azerbaiyán empiece la anexión de Syunik o cometa un nuevo acto de terror contra aldeas fronterizas? Si permitimos incluso eso, pronto la “comunidad internacional” se cansará hasta de publicar comunicados.

El gran mundo no nos es hostil ni conspira contra nosotros. Simplemente nos es indiferente, porque no le hemos recordado que somos parte integral de él y no un patio de paso ni un motel del mundo turco. Mientras no nos afirmemos como nación global y como nación en sentido amplio, no mostremos que nuestro apoyo y nuestra contribución no pueden separarse de los intereses armenios, no dejemos claro que no nos conformamos con migajas y que tenemos ambiciones propias, no debemos sorprendernos de no ser más necesarios para ellos que para nosotros mismos.

Por eso, ante la futura aristocracia armenia desde 2026 se presenta la misma tarea en varias versiones: desde el mínimo hasta el máximo. En primer lugar, Armenia y el Mundo armenio deben acumular un potencial tal que obligue al mundo a contar con sus intereses y fuerce a Azerbaiyán a hacer lo mismo. En una versión más optimista, los aliados internacionales se verán ellos mismos motivados a contener a nuestros enemigos. La misión más compleja, pero posible, es obligar al adversario a la paz y al respeto sin mediadores. La tarea máxima es garantizar tal nivel de seguridad que las situaciones críticas no surjan en absoluto.

Para ver tal día glorioso, hay que dejar de esconderse en apartamentos y cafés cómodos desde Ereván hasta Glendale y desde Rostov del Don hasta Sídney, asumir responsabilidad por transmitir el legado milenario de nuestros antepasados a nuestros descendientes, poner orden en nuestras cabezas y corazones y deshacernos de las ilusiones.

En las “elecciones” no ocurrirá ningún milagro.

Nos imponen impotencia, por lo tanto es artificial.

Estamos solos ante las tormentas que se acercan, pero podemos enfrentarlas juntos.

No se puede “esperar a que pase la tormenta”.

Lo mismo se atañe a los colaboracionistas turcos.

Leave a comment