NO a los Traidores, SÍ a la Aristocracia. En el Camino hacia la Curación.

El camino hacia la liberación de este sistema y la descolonización del país dependen de la rapidez con la que reconozcamos la importancia de las acciones sencillas de cada uno de nosotros.

República Armenia
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El próximo año, sin exagerar, será uno de los más importantes de nuestra historia. El régimen colaboracionista sigue produciendo otro espectáculo llamado «elecciones», diseñado, por un lado, para legitimar los crímenes ya cometidos y, por otro, para conseguir un apoyo popular para acelerar el proceso de integración de Armenia al mundo turco. Este espectáculo involucra a multitud de actores, mientras que el pueblo tendrá que ser extras y asumir la responsabilidad por el inevitable y trágico escenario. Según los guionistas, es decir, los turcos y sus coautores, el papel principal (probablemente por última vez) lo desempeñarán el actual sátrapa Pashinián y sus jóvenes jenízaros, mientras que la así llamados «oposicionistas» habrán de interpretar el papel de verdaderos patriotas que supuestamente se opondrán a la colonización a cambio de la falsa protección de sus vidas miserables y bienes materiales.

Habrá otros actores. Algunos, sin meditar ni dudar, simplemente cumplirán encargos internos, externos o mixtos, mientras que otros, llenos de ambición y quizás incluso de mejores intenciones, decidirán que son capaces de luchar dignamente y lograr el éxito. Sin embargo, la realidad es que, si se mantienen las condiciones presentes, los ganadores del juego ya están predeterminados. Estos son, en gran medida, los turcos y otras potencias que planifican sacar provecho de los armenios y Armenia a cambio de legitimar ese juego. Esto resultará en gran daño para nosotros. El sistema feudal y clánico seguirá desempeñando el papel de «autoridades» y «oposición», convirtiendo Armenia en un enorme motel-burdel geopolítico. En lo que atañe al pueblo armenio, desprovisto de identidad, historia y dignidad, los armenios se encargarán de servir. El Colaboracionista lo llama de diversas maneras: a veces «Armenia Real», a veces «La Cuarta República».

¿Qué debemos hacer en tal situación? Empecemos por lo más importante: hemos de restablecer el orden en nuestras mentes y corazones. El enemigo / el adversario siempre aspira a imponer su agenda moral y psicológica para quebrantar la voluntad de vivir y resistir. Es importante recordar que no existen escenarios ideales en la gran política. Siempre se puede detectar un punto débil y explotarlo. El camino hacia tal orden reside en reconocer que todas las llamadas “fuerzas políticas” de la Tercera República forman parte de un sistema feudal y clánico antiarmenio único e indivisible que nada tiene que ver con los verdaderos intereses nacionales ni con la categoría de Estado armenio. Desde su establecimiento el sistema solo imitaba la actividad política y debilitaba la inmunidad de nuestra nación, impidiendo deliberadamente cualesquiera actividades reales.

Así llamado “liderazgo” de la Tercera República rechazó el Miatsum, o sea, la reunificación de Artsaj con Armenia, que marcó el inicio de nuestra identidad nacional política independiente. Estos mismos «líderes» posteriormente se negaron no solo a reconocer la independencia de Artsaj, por la que habían muerto los hijos más destacados de nuestro pueblo, sino incluso a aceptar la responsabilidad de la mala pérdida/entrega de Artsaj y posterior desplazamiento forzado de los armenios. Ni Levon Ter-Petrosián, quien encabezó El Comité Karabaj, ni Robert Kocharián, quien insistió en que la cuestión de Artsaj se había resuelto, ni Serzh Sargsián, quien declaró pomposamente que en el transcurso de nuestras vidas Artsaj y Shushí permanecerián armenios, ni Nikol Pashinián, quien vociferó que Artsaj fue Armenia, y punto.

No vale la pena mencionar que toda esta «jefatura» hizo todo lo posible para asegurar que, en lugar de la Diáspora hecha y derecha, ahora contamos con las comunidades armenias desunidas gobernadas por individuos dudosos que persiguen objetivos dudosos. Hoy, como si nada hubiera pasado, todos permanecen sanos y salvos, cuentan historias de su gobierno eficaz y siguen preparándose para las siguientes «elecciones». ¿No es esta la señal más clara de la inmunodeficiencia armenia causada por el virus parasitario de 30 años encarnado en este sistema clánico y feudal?

Los ciudadanos armenios, los líderes de opinión, las celebridades y los intelectuales, y los empresarios dispuestos a aceptar esto deben tomar una serie de medidas sencillas. En primer lugar, deben mantener distancia del despiadado sistema antiarmenio, negarse a colaborar con sus representantes, a estrecharles la mano, a tomar parte en el «voto» a ningún nivel, donde, de una forma u otra, se eligen actores que interpretan un guion escrito por el enemigo. El camino hacia la liberación de este sistema y la descolonización del país dependen de la rapidez con la que reconozcamos la importancia de las acciones sencillas de cada uno de nosotros. Ser «elegido» con el número de votantes igual a 60% es una cosa, pero la participación equivalente a 10% resultará en otra cosa. En el primer caso, toda la responsabilidad recaería sobre quienes, contrariamente a los hechos y al sentido común, decidirián votar por el nuevo representante del sistema que nos privó de la memoria histórica, de Artsaj, de la historia, de la identidad, de la victoria, del honor y del orgullo. En el segundo caso, cuando más del 70-80% de los votantes romperán sus boletas de votación y escupirán sobre las urnas, se abrirán amplias posibilidades.

Surge una pregunta justa: ¿para quién y cómo? El único camino real hacia la capacidad armenia reside en la creación de la aristocracia nacional elegida desde los representantes de la Diáspora y de Armenia dispuestos a asumir conscientemente la responsabilidad de redactar y promover una agenda nacional armenia a nivel global. La Tercera República colonizada y agobiada por el sistema clánico y feudal es incapaz de preparar tal agenda o avanzar en ella. En un futuro próximo, los agentes de cambio armenios deben establecer una entidad institucional que, con un valor y una base ideológica unificados, comenzará a abordar los desafíos que enfrenta el Mundo armenio.

Hoy en día, a medida que avanza a paso firme la construcción de un nuevo sistema de relaciones internacionales, varias potencias globales están sumamente interesadas ​​en el surgimiento de una red transnacional armenia organizada. De hecho, se trata de una necesidad tensa. Esta necesidad surge de consideraciones pragmáticas para establecer un equilibrio de poder contra los grupos transnacionales tradicionales que ejercen una influencia excesiva. La coyuntura externa caracterizada por la inestabilidad e incertidumbre, plantea desafíos y amenazas graves para Armenia y el mundo armenio, poniendo en duda la viabilidad de su existencia como el estado independiente hecho y derecho. A pesar de eso, allana el camino para las actividades reales y las alianzas con centros de poder clave. Es a través de los resultados de estas actividades que podremos responder a la pregunta crucial: ¿necesita el planeta un estado armenio independiente e influyente, capaz de convertirse en una parte productiva y funcional del nuevo sistema de relaciones globales?

El camino por delante será difícil, pero no dudamos de que la aristocracia nacional se convertirá en el rostro, la voz y la protectora de los intereses armenios, mientras que el sistema feudal y clánico antiarmenio, orientado a la obediencia incondicional a actores externos hostiles, será echado al olvido. Sus fundadores, partidarios, legitimadores y servidores serán severamente castigados para que las futuras generaciones de líderes y gobernadores comprendan claramente las consecuencias de las actividades antinacionales y traidoras, sea cual sea su forma. De hoy en adelante, el lema que nos tiene que guiar debe estar firmemente grabado en nuestras mentes y corazones: “NO a los traidores, SÍ a la aristocracia”.

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