La colonia y el grano

La rápida formación de una verdadera aristocracia determinará si, en uno o dos años, Azerbaiyán nos enviará una carga mortal, es decir, alimentos envenenados, cientos de miles de saboteadores azerbaiyanos o un decreto que ordene la autodisolución del último estado armenio.

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La Tercera República pronto cumplirá 35 años. En los últimos días trascendió una noticia bomba: la primera importación de grano a través de Azerbaiyán. La seguridad alimentaria de un país es un elemento clave de su arquitectura de seguridad. Por lo tanto, a nuestro lector no le sorprenderá saber que el enfoque asumido por los jóvenes jenízaros de Ereván para garantizarla es prácticamente el mismo que el que adoptaron para reforzar las fronteras de Armenia, es decir, agravar el problema y luego notificar sobre su solución mediante Facebook.

Así pues, Pashinián entregó Artsaj para hacer caso omiso de la protección de las fronteras y, de repente, descubrió que sin Artsaj, casi toda Armenia se convirtió en un potencial campo de batalla. Entregar a Azerbayán todo lo que exige y erigir alrededor del resto del país la nueva iteración de Línea Maginot, que es inútil en circunstancias contemporáneas y muy caro, es su actitud hacia el problema de la línea de contacto más extensa. Lo mismo sucedió en lo que atañe al grano. Primero, el colaboracionista turco traicionó Artsaj, donde se cultivaba una parte significativa del grano armenio hasta el año 2020. En consecuencia, Armenia se hizo aún más dependiente de las importaciones rusas. Ahora, para «diversificar» el suministro del grano ruso, Pashinyan importa ese mismo grano (!) no solo a través de Georgia, sino también vía Azerbaiyán. Además, su equipo político presenta esto como una de las primeras señales de una maravillosa «era de paz».

No olvidemos que ahora prometen importar grano de Kazajistán a través de Azerbaiyán, pero debido a la lejanía y al costo inherentemente mayor, este escenario carece de viabilidad. Incluso los colaboradores más sinvergüenzas (en particular, Gevorg Papoián, el ministro de Economía) no se atreven a prometer que el tránsito azerbaiyano reducirá los precios al consumidor de productos de panadería. El siguiente hito lógico en este camino hacia la “diversificación” sería la compra de grano producido en Artsaj a Azerbaiyán. Esto personificará el resultado político de la existencia de la Tercera República, nacida en medio de la lucha por la reunificación con Artsaj. Sin embargo, es improbable que Azerbaiyán acumule el superávit del grano como resultado de la explotación de los campos armenios. A largo plazo, la ocupación militar de Artsaj y la gradual ocupación de Armenia no son un capricho del estado terrorista, sino una condición indispensable para la supervivencia política y económica. El sátrapa turco, por supuesto, jamás lo reconocerá, ya que su misión es convencernos de la grandeza y omnipotencia absolutas de Azerbaiyán y la completa impotencia de Armenia. Si se hace realidad este objetivo, también Armenia se convertirá en una entidad indefensa.

Sin embargo, volvamos al asunto fundamental, o sea, la seguridad alimentaria. Evidentemente, aborda no solo la diversificación de proveedores, la logística y los precios. Es obvio, no obstante, que arriesgamos a quedarnos sin grano en los siguientes casos: 1) se manifestarán los problemas que los proveedores (Rusia, Ucrania, Kazajistán) sufrirán; 2) los países de tránsito se negarán a permitir el paso de la carga. Lamentablemente, en los últimos cinco años, los tres países de la primera categoría demostraron su falta de fiabilidad. En lo que se refiere a los posibles países de tránsito (Georgia, Irán, Azerbaiyán y Turquía), los riesgos son aún más evidentes. En primer lugar, los colaboradores turcos son incapaces de eliminar rápidamente los obstáculos al tránsito, incluso a través de Georgia. En segundo lugar, opinan que el así llamado gesto de «buena voluntad» por parte de Azerbaiyán ha sido un logro, mientras que vamos a pagar por tal gesto perdiendo de hecho el acceso a Irán y, potencialmente, a Georgia. Y esto ocurre menos de tres años después del inicio del brutal bloqueo de Artsaj, que forzó a decenas de miles de armenios a pasar mucho tiempo enfrentando la hambruna. Es una actitud cínica, como siempre, pero esta vez ella es verdaderamente imprudente.

Se puede suponer que no solo de pan vive el hombre. Artsaj soportó el bloqueo y entró en su última pelea incluso sin pan. Según las estadísticas, que el Ministerio de Economía no ha actualizado desde 2019, Armenia es perfectamente capaz de autoabastecerse con sus propias verduras, huevos, bayas y carne roja. Pero, lamentablemente, existen graves problemas, tanto en lo que respecta a la soberanía real como a la seguridad alimentaria.

En primer lugar, la agricultura armenia depende de equipos, combustible, semillas, fertilizantes, etcétera, que importan desde el extranjero. Esto significa que, sin modernizar la agricultura y asumir enfoques que la harán alternativa, ecológica y más avanzada energéticamente, seguiremos dependiendo de la «buena voluntad» de países vecinos y de la estabilidad de las cadenas de suministro globales.

En segundo lugar, sin un control adecuado, las frutas y verduras armenias contienen altos niveles de pesticidas significativamente. Además, se estima que, en 2024, el 65 % de los armenios no pudieron permitirse una dieta saludable. Dadas las tendencias generales de salud pública y la crisis medioambiental aguda, especialmente en Ereván, Azerbaiyán y Turquía pronto ya no tendrán que someternos al hambre ni bombardearnos. Nos estamos autodestruyendo, como cabía esperar de la colonia turca.

No somos el único país del mundo que depende de materias primas, tecnologías y productos importados. Nadie es completamente inmune a las consecuencias de calamidades globales, por instancia, epidemias, inundaciones y sequías. Sin embargo, solo aquellas entidades que minimizan los posibles efectos de tales hecatombes y son capaces de proteger a sus ciudadanos de las medidas ilegales aplicadas tanto de las naciones vecinas como de los productores nacionales merecen el nombre de «Estado». La seguridad es un asunto de la opción correcta. Israel optó por reverdecer el desierto, crear una agricultura eficiente y de alta tecnología, y no utilizar su compleja ubicación geográfica ni el entorno hostil como excusa. A causa del liderazgo de la Tercera República la zona rural se tiró al abandono, comenzó la desertificación de los bosques y campos fértiles. La cúpula armenia permitió que los ciudadanos fueran envenenados con pesticidas. Por lo tanto, hoy, el colaboracionista turco espera ansiosamente la apertura de la frontera con Turquía para poner un punto final a la zona rural en Armenia. Ellos preguntan: ¿Qué se puede hacer? Los turcos tienen el capital y los productos petrolíferos. En Armenia nadie quiere proponer medidas adecuadas cómo reducir los costos de producción y subsistir sin petróleo.

Este último ejemplo, por supuesto, no se limita a la agricultura. A los secuaces les conviene convencernos de que, sin petróleo, la única salida es rendirse ante el mundo turco. Y no solo porque se lo hayan ordenado: tal es su horizonte de planeación y la magnitud de sus capacidades políticas. El sátrapa de la colonia no tiene ninguna mañana, él tiene que cumplir las órdenes el día de hoy. Solo una aristocracia nacional es capaz de pensar estratégicamente, planificar y efectuar reformas importantes sin temor a ofender los intereses de enemigos externos y oligarcas internos.

La rápida formación de una verdadera aristocracia determinará si, en uno o dos años, Azerbaiyán nos enviará una carga mortal, es decir, alimentos envenenados, cientos de miles de saboteadores azerbaiyanos o un decreto que ordene la autodisolución del último estado armenio.

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